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22/12/10

Separado

Ayer me crucé con un niño. Cosa normal por desgracia mía. Pero hubo algo que me llamó la atención. Al lado del niño habían más, formando un círculo y hablando de sus cosas. Parecían sus amigos, o al menos me lo parecía a mí, pero él no decía nada, se limitaba a estar al lado. Su mirada estaba perdida, veía tristeza en su expresión, desesperación por no existir para sus amigos y ser algo parecido a invisible.

Los que serían sus amigos seguían riendo e incluso pegándose medio en broma, disfrutando del momento "en familia". El niño les miraba de reojo e intentaba llamar su atención tirando una piedra por su lado. Le daba igual que se metieran incluso con él. Sólo quería que alguien le hiciera caso, aunque sea escucharlo por un momento. No entendía por qué nadie le atendía, ni sus propios amigos, no entendía qué tenía de malo, qué le hacía de diferente a los demás. Parecía que tenía una forma distinta a pensar que ellos y eso le hacía separarse poco a poco. Aunque el pobre no se daba cuenta de ello, era su forma de pensar, de ver las cosas. ¿Tanto les costaba a sus amigos entenderlo y aceptarlo como uno más?

El chiquito, de unos diez años, volvía a perderse en sus pensamientos, enredándose en un laberinto interminable. Lloró. Lloró con toda su alma pidiendo ayuda a gritos sin gritar. Me produjo cierta lástima e incluso ganas de preguntarle qué sucedía, pese a que yo ya me había montado mi propia historia. Me acerqué. Disimuladamente, me acerqué para entender la situación un poco más, para asegurarme. Parece ser que el niño observó mis movimientos y se dirijo al grupo de "amigos". Allí estaba él, al lado de los demás sin decir ni mú. Me extrañó que no dijera nada. Para qué mentirnos, no me extrañó. Deduje que no tenía nada que decir, que no veía necesario abrir la boca para que luego no le escucharan.

Y es que, ¿tanto cuesta intentar entender al otro? Aunque sea preguntarle por qué está callado. Pero no tirar del tópico con un "pues vale", después de que el otro responda "por nada". ¿Tanto cuesta comprender a alguien? ¿Preocuparse por sus sentimientos aunque sea una sola vez? Puedes perderte tantas cosas...

24/9/10

Huyendo de mi vida (Parte 1)

Muchas veces me ponía a leer la revista del corazón del viernes. De verdad, ya me dirás tú qué tiene de divertido ver una revista de tal características, pero no me importaba. No me importaba porque no tenía nada más que hacer, y a parte de releer estas revistas donde ya me conocía los marujeos de cada uno de esa gente llamada famosos, basándose única y exclusivamente en el fondo de su cartera, donde hacen programas sólo para ellos y para enterarse de su vida (normalmente amorosa, ya me explicaréis qué tiene de divertido eso), miraba cómo se movían las agujas del reloj. A eso me refiero a la más larga, la de los segundos, la que determina mi vida una y otra vez, en un futuro incierto y un presente digamos...demasiado presente, ¿no?

Allí estaba, en la residencia de ancianos donde tres semanas antes me había apuntado para ayudar a esta pobre gente que necesita, como ya he dicho, ayuda. No sé si la idea había sido muy buena, puesto que poco tenía que ayudar. Es decir, visitar a unos cuantos, contarles cuatro historietas y volverme al sofá del pasillo fondo-sur. Todo esto lo tenía que compaginar con los estudios, y ya estaba harto de ellos. Tan harto como estar en esa misma residencia. ¿Sabéis esas ganas de salir corriendo, pero no por estar huyendo, sino por el hecho de querer correr y correr? Era lo que sentía yo en aquel momento, y tampoco mi vida me iba tan mal. De hecho, nunca me había planteado cómo de buena o cómo de mala era mi vida. Vivía en la ignorancia.

Otro día más que pasa y otro día más con la revista del corazón en mis manos. Ahora leo que la señorita tiquismiquis y el don galán se casan. ¡¿Y a mí qué me importa?! Llega un momento que parece que te estén tomando el pelo. Y yo el pelo ya me lo tomo suficiente en la peluquería. La misma historia se repite. Habitación 201 y habitación 235. Y nada más. Ya puedo irme de nuevo a mi fiel pasillo fondo-sur, que nadie me va a decir nada. Y otro día más que pienso en lo mismo. ¿Por qué no me voy de aquí? ¿Vivo atrapado entre dos brazos enormes llamados residencia y estudios? Mi paja mental crece por momentos y creo que me voy a volver loco, aunque como lo contarían en una novela, en una película, donde quieras que sea, recibo una llamada a mi móvil. "¿Y ahora qué quiere?"-pienso.

Estoy sentado en el sofá de su casa. Él está allí, caminando de arriba abajo por todos lados. Empieza a ponerme de los nervios, pero él es así y no hay más. Sigo sin saber por qué me ha llamado, y sigue sin explicármelo. Así vamos muy bien, pronto me acordaré de su madre. Se para, decide decirme algo y por cada palabra que sale de su boca a mí los ojos se me abren más y más. ¡Dos entradas para un concierto! ¿Un concierto de quién? ¡Y a mí qué me cuentas! ¡Es la excusa perfecta para liberarme de mi mundo personal que me atormenta día sí y día también! La idea me parece perfecta, y antes de que él añadiera algo más, yo ya estaba en mi casa preparando las maletas. Mi madre me miraba y no decía nada. No entendía por qué mantenía su rostro serio, pero tampoco me iba a parar a preguntar. "Me voy a un concierto, estaré cinco días fuera". Lo único que hizo ella fue mirarme y con unas suaves palabras decirme que fuera con cuidado. ¡Y nada más! Algo estaba pasando pero...en fin, da igual.

Esperando el autocar estábamos. Es decir, ¡iba a ir en un maldito autocar! Y yo pensando que haría autoestop hasta que mi dedo pulgar me enviara a defecar por el campo. Dicho autocar llegó, y veía como la vía de escapatoria de mi vida se acercaba. Estaba contento, pero tampoco sabía dónde me llevaba ese autocar. Mi amigo no me dijo nada más y yo no me atrevía a preguntar a nadie del alrededor. Aunque ya me estaba oliendo algo. Mi amigo y yo éramos los únicos por debajo de la cuarentena. Para que nos entendamos: Estaba rodeado de señores ya algo mayores. "¿Seguro que esto nos lleva al concierto?", le pregunté a mi amigo. Él me respondió un claro sí, y yo confiando en él, me supuse que sólo era un autocar y que eso no quería decir que todos ellos fueran al concierto.

Me dijeron que quedaban bastantes horas, por lo que deduje que donde íbamos estaba lejos (olé tú), y que como más lejos, mucho mejor. No sabía con quién hablar, de hecho, no tenía ganas de hablar, así que me acurruqué y cerré los ojos. Deseaba que el viaje pasara largo y que al despertar ya estuviera allí. Y no sé si fue todo lo que deseaba. Me desperté. Era de noche y el autocar estaba completamente vacío. Sólo la luz de una luna creciente me iluminaba. No entendía nada, y aún menos lo iba a entender recién despertado. Pero como pude, me levanté, bajé del autocar y...preferiría no haberlo hecho.

16/8/10

Episodio 1: Como un guión

Me miré al espejo otra vez. Recité la frase que me dieron en el instituto para la obra de teatro que haríamos el sábado por la noche. Aún no sé por qué me uní a los de teatro, ya que a mí nunca me ha gustado ni me va a gustar. A veces pienso que fue más que nada por obligación. Mi padre era todo un fanboy en esto del teatro, y quizá, para no decepcionarle, me apunté. Pese a que mi padre esté la mar de contento, yo me siento vacío por dentro. Siento que estoy haciendo algo que no me gusta y algo con lo que no voy a llegar a ninguna parte. No sé cuándo terminará, no sé cuándo tendré el valor para decirle a mi padre que me desenlazo de mundo del teatro. Pero ahora, toca aprender mi frase. Que esa es otra. Al principio cuando entré, me daban todos los papeles protagonistas. Me estaba día y noche aprendiendo unas dichosas conversaciones que me parecían absurdas. Historias que ni siquiera llegarían a tocar cualquier sentimiento humano. Pero pese a ello, seguía estudiando ese mundo de letras absurdas. A veces cambiaba cosas del guión, cosas que luego no me aprendía pero que las veía más adecuadas.

El teatro me hacía cambiar. Me convertía en un maldito lunático. Era como si todo el mundo estuviera despierto y yo aún soñando en ser yo mismo. Me gustaría ser real y sentir el mundo igual. Pero el teatro me cambiaba y era la prohibición a mis sueños, a mis ilusiones. Aún así, los sentimientos hacia mi padre seguían siendo los mismos, y yo, de alguna manera, no podía fallarle. Más que nada, porque fue el sueño imposible de mi padre. Tal como un cuento, como una película, mi padre nació pobre, y como él dice, morirá pobre. Gracias a algo llamado dinero, su sueño se fue alejando hasta que fue imposible alcanzarlo. Siempre me pregunté por qué todo debía ser tan difícil y por qué no podía llevar todo correctamente. Era un pájaro recién salido del nido.

Esa noche no pude pegar ojo. Era horrible. No paraba de darle vueltas a todo. Empezando por una mancha con forma de típica cara de espíritu queriendo alimentarse de tus sueños. ¿Algo me saldría bien? Me abracé a la almohada, quizá el único sitio donde me sentía seguro aunque sin sentirme seguro. Después de largas horas con los ojos abiertos como platos, cedieron. Y el sueño duró dos minutos cuando el pequeño despertador que tenía (regalo de mi abuela), me pegó una y otra vez como si le fuera la vida. Ya estaba todo preparado, y practiqué de nuevo la frase, la única frase, la miserable frase que tenía que decir. Pensaba que para eso, que me dieran el papel de árbol. Me saldría más a cuenta. Llegué ya al instituto, y cada paso que daba, me pesaban más las piernas. El corazón cada vez me iba más deprisa, y me aislé del mundo, cosa que solía hacer siempre.

Ya estaba encima del escenario, no me podía creer que una sola frase me iba a traer tantos problemas. Con la de diálogos que había hecho y ahora con el corazón saliéndome por la boca. Todo fue culpa de los días anteriores, y de mis pajas mentales. Nunca aprenderé. Ya era mi turno. Intenté decir la frase pero me fue imposible. Tenía el nudo más grande que había tenido nunca en la garganta. Hice el ridículo. Y encima mi padre lo estaba viendo. Quería que alguien tuviera un arma de fuego allí mismo para volarme el cabezón que tenía. Improvisaron por mí y yo salí corriendo de allí. Salí del instituto (no era horario de clase), y me fui corriendo no sé yo dónde. En algún lugar donde nadie pudiera encontrarme. Había arruinado el sueño de mi padre y me había arruinado a mí mismo como persona.

Era en esos momentos cuando me venía a la cabeza mi abuelo. Recordaba cuando paseaba con él. Cuando me sonreía. Cuando me guiñaba el ojo. Cuando me demostraba todo el cariño que tenía hacia mí. Lo más importante era que le tenía a mí lado. Y eso me hacía muy feliz. Me comprendía, me ayudaba, me apoyaba, me hacía ser mejor persona. Incluso me arrepentía de tonterías que hacía y no quería verle triste. Pero era imposible verle triste, siempre te dedicaba una sonrisa y siempre te hacía una de sus bromas que se te quedaban para siempre y eran imborrables. Mi abuelo era alguien digno de admirar, alguien a seguir cada uno de sus pasos. Era todos los buenos adjetivos reunidos en uno. Pero yo no lo supe valorar mucho después de su desgraciada muerte. Y eso es lo que me devora por dentro. Era un simple niño que quería a su abuelo y que no sabía ver nada más a partir de allí. Me gustaría poder decirle tantas cosas, sacar tantas palabras que tengo dentro y que no pueden salir. Me gustaría que pudiera ver cada sonrisa mía, cada lágrima mía, cada despertar mío, cada Te quiero hacia él. Me gustaría tanto poder abrazarle de nuevo y que él lo hiciera el doble de fuerte. Me gustaría tanto verle. Solamente verle y decirle lo tanto que le aprecio. Un minuto. Solamente pido un minuto.

Un minuto fue lo que tardó mi padre en encontrarme. No me lo esperé, y me sorprendió poniendo su mano en mi hombro. Para él quizá era un gesto de cariño, pero yo en esos momentos no estaba para pensar en el cariño que me tenía mi padre. Éste me medio abrazó. Me dedicó unas palabras: “No puedes derrumbarte sólo por una frase. El teatro ya lo tiene ésto, te puedes saber grandes conversaciones pero no una miserable frase. No te puedes rendir, debes seguir luchando, debes seguir demostrando quién eres y hacer lo que más te gusta”. Allí ya exploté. No podía soportar escuchar hablar a mi padre como si de verdad se importara por mí, como si supiera lo que verdaderamente siento. Rabiaba al ver que sólo hacía de padre cuando más le interesaba. Me daba la sensación de que yo era sólo su muñeco para poder entrar en un mundo que él nunca pudo entrar.

“No sabes lo que estás diciendo. De hecho, no sabes ni lo que siento. No te sabes ni mi fecha de cumpleaños y eso que, además de ser tu hijo, vives en el mismo techo que yo. Lo siento, pero eres un maldito interesado. Quedaos aquí tú y tu querido teatro”, dije ante la perplejidad de mi padre. Me fui corriendo de nuevo. No sé si en ese momento parecía más bien un cobarde, pero si lo parecía, me daba igual. Me dio la típica pataleta de adolescente, y me pregunté una y otra vez qué estaba haciendo en este mundo, con mi vida, con mi familia. No llegaba a ninguna conclusión. También pensé incluso en fugarme de casa, cosa muy típica en películas o series. Esta vez sí me sentía un actor metido en una obra de teatro.

Pasaron varios días después de aquella pequeña pero intensa conversación con mi padre. Y éste desapareció. Nos dejó a mi hermana, a mi madre y a mí más solos que la una. ¿Y para qué? “Para ir a cumplir su sueño”. ¡Que se pudra con su sueño! ¡Su sueño ahora debería haber sido preocuparse por su familia, quererla y luchar por ella! ¡No abandonarla! El odio corría por mis venas y esa situación me parecía muy típica. Otra vez, volviendo al mundo del teatro. Una familia, un padre que abandona y familia abandonada sobreviviendo con madre trabajando. Todo muy bonito y muy pintoresco, sí. Aunque nos lo montamos bien, yo perdí todas las esperanzas en cumplir mis sueños, e iba al instituto por ir, porque no tenía ninguna otra cosa que hacer. Era bastante triste y bastante lamentable. Pero no podía hacer nada. La vida es como un guión: Se escribe, se representa, se termina.

27/7/10

Cinco por uno

Todo empieza cuando estás en los alrededores de algún sitio turístico. Es lógico que siempre te vendrán la típica gente intentando venderte cualquier tontería que la vas a encontrar en cualquier tienda de alrededor. Aunque estos objetos, tienen sus curiosidades, puesto que muchos de ellos son robados personalmente del vendedor. Es divertido ver a alguien robar en una tienda y luego que se te acerque a ti para venderte dicho objeto. Pero a la vez, es triste.

Cuando sales de cualquier monumento o cualquier sitio que estés visitando, hay una avalancha de vendedores (ilegales, no jodamos). Toda una manada que se te lanza encima para preguntar una y otra vez si quieres comprarles algo. Es muy agobiante y no sabes cómo decir que no, así que lo único que se te puede ocurrir es girar la cabeza y no mirarles. Porque si les miras a los ojos, la has cagado. Es algo automático. Mirarles, y van corriendo hacia ti. "Cinco por un euro, todo barato, os gustará, venid, por favor". Vale que igual es barato de cojones, pero algo me impide comprarles cualquier cosa. Y es de la forma que lo hacen.

También se comunican entre ellos e incluso se cambian la "mercancía". Y otra cosa que me hace gracia y que he visto yo. Mientras ésta gente estaba vendiendo sus cosas, por alrededor e incluso pasando por su mismo lado, soldados bien armados. Por si hay algún atentado y estas cosas chulas. Aunque ya sé que no tienen ninguna orden para echar fuera a esa gente, me parece increíble que estén ahí como si nada. Y nada de policía, oye. Ya ves tú lo que puede pasar, que nadie se va a enterar y de mientras los otros van a estar vigilando las nubes. Que no me jodan.

Salir a la calle se convierte en un peligro. Cread una armadura de cartón, y todo irá bien.

26/7/10

Anécdotas de un agujero

En un principio un título así puede divisar distintos puntos de vista. Pero ahora os agradecería que os imaginéis la situación. Estáis de viaje con vuestra familia. Habéis parado a comer un poco y a estirar las piernas. Frase que nunca voy a entender, porque yo mis piernas ya las tengo suficientemente estiradas como para estirarlas más. Después un buen rato comiendo y esquivando todo tipo de avispa o aerodactyl que te encuentres por el camino, llega la hora de partir de nuevo. No sin antes ir a hacer una meadita al baño público, que por desgracia tuya está a reventar.

Te metes en el coche y arrancáis de nuevo. Empiezas a sentirte extraño, algo incómodo en tu tripa. No sabes qué es, pero te da absolutamente igual. Puede que un mal gesto, o haber comido demasiado deprisa, al igual que haber bebido. Pero poco a poco ves que esas teorías no son ciertas y del paso uno "Incomodidad", pasas al paso 2 "Dolor infernal". Ahora viene cuando les llamas la atención a tus padres, aunque con un hilo de voz, ya que si malgastas demasiadas fuerzas puedes terminar mal parado. Sí, les dices que te estás defecando una vez no, 42 veces multiplicado por cuatro, sí.

Tienes suerte, y llegáis a una área de servicio que está cerca. Sales pitando del coche hacia el lavabo pero, mala suerte, está ocupado. Y no precisamente va a salir muy rápido el honorable señor que está dentro sacando a pasear el perrito, que asoma el hocico. Al final sale, y cuando tú entras, un bonito olor a flores penetra en tus fosas nasales dejándote completamente KO. Después de recuperarte de ese derechazo terrible, ves que no hay váter. Es decir, que en el suelo, hay un puto agujero. Así, tal cual. Sin nada más. Ni siquiera con papel. Sólo un simple agujero.

Ya no te duele la barriga, has desbloqueado un logro. "Cómo defecar en un agujero con una puntería más que increíble sin joderte los riñones". Eso sí, por la noche, terminas durmiendo doblado.

16/7/10

La dignitat de Catalunya

[Para quien no lo entienda, traducción más abajo]

Han estat uns dies extranys. Alçant la vista al cel de Barcelona, semblava com si les banderes espanyoles competissin amb les senyeres als balcons de les ciutat. I és que al carrer es mastegaven dos esdeveniments importants: la primera final d'espanya en la història dels Mundials de futbol i la manifestació en defensa de la dignitat del poble català i les seves institucions.

Catalunya i Espanya s'han allunyat en els últims anys. L'esperança d'una Espanya plural, oberta, moderna, d'esperit federal i defensora de la diversitat dels pobles que la integren s'ha difuminat amb la mateixa velocitat que Zapatero ha perdut credibilitat. Inclòs els defensors catalans del federalisme -simètric, asimètric o piramidal- més romàntics s'han quedat sense arguments després de veure la impunitat amb la que l'Alt Tribunal s'ha cruspit parts de gran valor pràctic i simbòlic d'un Estatut aprovat pel Parlament de Catalunya, les Corts Espanyoles i refrendat pel poble català en referèndum. Després de quatre anys d'espera, el TC ha dit "no" a punts en què els catalans van dir "sí".

A continuació, hem tingut una nova demostració de la intransigència i el centralisme de l'estat espanyol, representat sobretot pel Partit Popular i per diversos focus mediàtics espanyols. Discursos que volen contaminar el clima per interessos partidistes i que contribueixen maliciosament a atribuir a Catalunya una imatge impròpia de radicalitat i minories. Menteixen. A dia d'avui, hi ha un país sencer que es vol manifestar perquè sent que han atacat la seva dignitiat. Alguns són independentistes, altres són nacionalistes, altres són catalanistes, altres són catalans, i molts són ciutadans de Catalunya nascuts a qualsevol punt de la geografia mundial. Tots s'han sentit agredits.

Per primer cop, i no ha estat fàcil, la classe política ha fet pinya -o ho ha fet veure-, i Catalunya ha enviat un missatge a Espanya. "Si no podem ser espanyols sent catalans, haurem de ser catalans sense ser espanyols". I mentre Espanya viu pendent del criteri d'un pop anomenat Paul amb poders per predir el futur, Catalunya avança. I quan el narcòtic del futbol hagi passat i les vacances cedeixin, Espanya haurà de replantejar-se de nou les relacions amb Catalunya. Cal un nou encaix, si és que el divorci encara no li ha guanyat el terreny a un matrimoni sense conveniència.

Traducción:

Han sido unos días extraños. Mirando hacia el cielo de Barcelona, parecía como si las banderas españolas compitieran con las "senyeres" en los balcones de la ciudad. Y es que en la calle se masticava dos esdevenimientos importantes: la primera final de España en la historia de los Mundiales de fútbol i la manifestación en defensa de la dignidad del pueblo catalán y sus instituciones.

Catalunya y España se han alejado en los últimos años. La esperanza de una España plural, abierta, moderna, de espíritu federal y defensora de la diversidad de los pueblos que la integran se ha difuminado a la misma velocidad que Zapatero ha perdido credibilidad. Incluso los defensores catalanes del federalismo -simétrico, asimétrico o piramidal- más románticos se han quedado sin argumentos después de ver la impunidad con la que el Alto Tribunal se ha comido partes de gran valor práctico y simbólico de un Estatut aprobado por el Parlamento de Catalunya, las Cortes Españolas y refrendado por el pueblo catalán en referéndum. Después de cuatro años de espera, el TC ha dicho "no" a puntos que los caralanes dijeron "sí".

A continuación, hemos tenido una nueva demostración de la intransigencia y el centralismo del Estado español, representado sobretodo por el Partido Popular y por diversos focos mediáticos españoles. Discursos que quieren contaminar el clima por intereses partidistas y que contribuyen maliciosamente a atribuir a Catalunya una imagen impropia de radicalidad y minorias. Mienten. A dia de hoy, hay un país entero que se quiere manifestar porque se siente que han atacado su dignidad. Algunos son independentistas, otros son nacionalistas, otros son catalanistas, otros son catalanes, y muchos son ciudadanos de Catalunya nacidos a cualquier punto de la geografia mundial. Todos se han sentido agredidos.

Por primera vez, y no ha sido fácil, la clase política ha hecho piña -o lo han hecho ver-, i Catalunya ha enviado un mensaje a España. "Si no podemos ser españoles siendo catalanes, deberemos de ser catalanes sin ser españoles". Y mientras España vive pendiente del criterio de un pulpo llamado Paul con poderes para predecir el futuro, Catalunya avanza. Y cuando el narcótico del futbol haya terminado y las vacaciones cedan, España deberà replantearse de nuevo las relaciones con Catalunya. Hace falta un nuevo encaje, si es que el divorcio aún no le ha ganado el terreno a un matrimonio sin conveniencia.

12/7/10

Parecidos (3)

















1/7/10

La Inocencia

Se me acercaba a mí. A mi casa, a mi dulce hogar. Cada día, a la misma hora, aunque estuviera lloviendo, granizando o nevando. Siempre estaba allí, para saludarme, para dedicarme una sonrisa pese a su complicada situación. Mientras tanto yo lo veía desde mi ventana, y me sentía repugnante con el poder que yo tenía y no podérselo dar a él. El poder que hace que puedas vivir mejor pero que no te hace feliz. Pero él, allí, sin tener absolutamente nada, ni una casa donde poder dormir, sin tener nada de poder, era feliz.

Era feliz porque veía el corazón de las personas. Veía las reacciones, los enfados, las alegrías. Conocía al ser humano y eso era lo que a él le gustaba. Lo que a él le hacía ser feliz. Le importaba poco tener una, dos o incluso tres casas. Le importaba poco tener comida o incluso agua. Le importaba poco tener ropa o no. A él lo que le hacía más feliz era la mirada inocente de un niño. Esa mirada tierna que describe tantas cosas y que te hace pensar en tu propia inocencia. Esa mirada que la envidias y deseas volver atrás. La mirada de los mejores años de tu vida.

Pero allí le tenía, cada día. Parecía que quería ver mis ojos. Sonreí. Hacía mucho tiempo que no sonreía. Y lo hice porque nada me hizo tan feliz como esa sonrisa de aquel desconocido. Esa sonrisa que me invitaba a un mundo diferente al nuestro. El mundo más humano, el mundo que vale la pena de verdad. Me planteaba si de verdad valía la pena irme con él. Si de verdad iba a ser feliz a su lado pese a no tener nada. Pensaba que él era más feliz que yo, y lo peor, es que era así. Lo admiraba. Admiraba su forma de ver las cosas, esas ganas de seguir tirando hacia delante, esas ganas de vivir la vida pese a su situación. Y es que, personas como esas, existen pocas. Gracias a eso, quiero un poco más al mundo por brindarme tales cosas.

Pero en ocasiones, las cosas cambian. Y empezar a no verle me preocupaba. Me tenía acostumbrado de que siempre, a la hora del café, lo tenía allí. No sé qué había sucedido con él, pero yo estaba inquieto. ¿Y si se había ido? ¿Y si se había cansado de vivir de esa forma? Nunca pude descifrarlo. Pero aunque ya haya crecido, le sigo recordando con una bonita imagen. Porque él hizo que yo cambiara. Que viese las cosas de distinta forma. Sólo con eso, puedo decir una cosa: Gracias y hasta siempre.

4/6/10

¿Qué es el honor?


[Si alguien no la ha visto y la quiere ver, le conviene no leer esto]

Todo parece normal. De hecho, todos parecen buenos alumnos, con el típico chico “chulo” por decirle de alguna forma. A ojos de los profesores, a parte de los conflictos normales que se pueden crear en el mundo de los adolescentes (que parece otro mundo, al menos así se hace ver), son unos buenos chicos y no hay mucha cosa por la que poder preocuparse demasiado.


Pero cuando los ojos cambian, la forma de ver las cosas también cambian. Porque dichos ojos se pueden trasladar a un chico. A un chico que está viendo que no encaja en la pequeña “sociedad” que se ha montado en la clase. Ya se sabe, el típico que es “acosado” por los “matones” de clase. El que por tener gustos distintos, vestir diferente y ser callado debe ser tratado de tal forma por no ser como “ellos”. ¿Siempre va a ser así? Es decir, ¿siempre se tendrá que abusar del más débil? Parece que sí, pero aquí el chico no es el más débil, sino que es el que tiene más cabeza como para no meterse en una pelea. Pero en otra parte, no tanta cabeza por no avisar a los profesores ni a sus padres hasta que llega a un momento crítico.

La película empieza mostrando cómo se comporta el “grupillo” de clase con el “freak”, que sería, seguramente, el término que le pondrían al chaval. Término que nadie sabe exactamente qué quiere decir. Y ser “freak” es ser diferente, aunque la palabra al escucharla parece decir que esa persona mejor fuera que dentro. ¿Malinterpretada quizás?

La historia sigue. El chico sigue siendo “acosado” por los demás, con las típicas bromas de mal gusto que quien las hace, muy bien, pero quien las recibe, poco bien. Pese a ello, el chico se queda callado, no hace nada para defenderse y persigue su deseo: Terminar ya el curso e irse a estudiar a otro sitio para empezar a formar sus estudios. Y por eso, su cabezonería le lleva done le lleva.

Poco a poco, otro chico de la clase empieza a estar desconforme con las bromas de mal gusto que se le hacen al otro chico. Termina defendiéndolo y, a consecuencia, termina siendo él también “acosado”. Sólo por defender a un sujeto que está sufriendo lo insufrible y con la boca cerrada. Pero la burbuja sigue creciendo, y las bromas van a peor. Más sucias, más “bestias”. En definitiva, de un trato inhumano. Trato inhumano que se ha hecho, que se hace y que se hará siempre. Así son las personas, muy… Dejémoslo mejor, no quiero entrar en detalles.

Se acabó. Eso es lo que dijeron los dos chicos al recibir una broma descomunal, fuera de sitio. Una broma que traspasa el límite, que pisa la línea amarilla. Y la consecuencia de dicha broma es aún mucho más fuerte. Lo han decidido. Han decidido que aquí termina todo, que basta ya de esta tontería que de “tontería” tiene poco. Se reúnen y cogen dos armas. Dos armas para asesinar a punta de cañón, con sangre fría, a cada uno de los jóvenes “bromistas”. Y a continuación, suicidarse. Así tal cual, más o menos, como el parecido atentado en el instituto de Columbine, en Colorado.


Y así termina. Hacen el atentado y al sonido ensordecedor de la ambulancia al exterior del colegio, uno de ellos (el acosado principal) se suicida. Delante del otro chico, que no tiene el valor suficiente de hacerlo él también y observa cómo su amigo cae al suelo, ensangrentado y con una bala de hierro en las profundidades de su cráneo.

Final trágico y espectacular. Tan espectacular que es una película 100% recomendable. Recomendable porque se observa claramente cómo una broma de nada se convierte en una patata caliente que quema a todo el que la toca.

28/5/10

Jo sóc un homo APM

Con dicha canción, APM? y el Homo APM han tocado el cielo. Han alcanzado el súmmun y se han coronado con una canción que se puede tararear perfectamente todos los meses del año. Os dejo con ella.


Jo sóc un homo APM, a robar carteras, al loro, que no estamos tan mal...

14/5/10

La Señora del Tren

¿Quién no se ha encontrado alguna vez con aquella humilde señora sentada en el fondo del vagón y con una apariencia más que normal? Muchos de nosotros, ¿no? ¿Y quién no se ha encontrado alguna vez con aquella humilde señora sentada en el fondo del vagón que sólo al verte te mira de arriba abajo y no te saca la mirada, como si te estuviera diciendo "si te sientas ahí te muerdo"? Supongo que a todos vosotros os ha sucedido eso alguna que otra vez, y supuestamente es la cosa más normal que existe. O al menos eso pensamos.

La cosa se complica cuando entras al tren. Está lleno de arriba abajo y sólo ves un asiento, que incomprensiblemente (eso piensas tú al principio, luego la cosa va variando) está vacío con toda esa gentada. Te diriges hacia dicho asiento, pasando entre la gente como puedes, y al llegar, te encuentras con una señora. Una señora con una apariencia muy normal. Se te queda mirando con cara de desafiadora. Piensas que sólo serán imaginaciones tuyas, pero te equivocas. Haces un movimiento en falso y te salta a la yugular sin dudar ni un sólo segundo. Pero por si acaso, que eso no vaya a suceder, le preguntas si puedes sentarte ahí, en ese asiento tan bonito. "¿Puedo sentarme ahí, en ese asiento tan bonito?". Ella asiente con la cabeza.

Quizás son imaginaciones tuyas, y toda la paja mental que te has montado antes, es pura pérdida de tiempo. Pero por cada cotocló del tren pasando por las vías te hace cambiar de opinión. Paso número uno: La señora se dirige a ti y te dice qué tiempo hace y te da a ver su opinión. Lo único que puedes hacer es darle la razón y seguir a lo tuyo. Pero esa pregunta es esencial, puesto que sabrás que te estará preguntando o diciendo cosas estúpidas que no vienen a cuento y que a ti te importan un cojón y medio.

Paso número dos: La señora se vuelve a dirigir a ti y te hace una descripción de las personas que hay alrededor, algo así en general. Cosa que tampoco te interesa pero atiendes a tales explicaciones para no hacerle un feo a la pobre señora. Aunque de pobre tiene poco. Mientras te habla, rollo película, vas escuchando su voz más y más lenta, pierdes la noción del tiempo, todo se te hace más y más pesado. Mientras eso pasa, te maldices a ti mismo por haber ido a ese puto asiento que te está jodiendo la mañana, con lo bien que había empezado con tus magdalenas de chocolate. Ahora bien, no estás escuchando a la señora pero ella sigue hablando como si nada.

Paso número tres: El consejo. El consejo nunca puede faltar. El consejo es algo esencial en nuestras vidas, algo que siempre irá cogido de nuestras bonitas manos. El gran consejo sobre la vida y los adolescentes de hoy en día. La señora se VUELVE A DIRIGIR A TI, y ya te estás cagando en la buena madre que tuvo los santos ovarios de traerla al mundo. Te dice que los adolescentes de hoy en día son demasiado maleducados, que no saben respetar nada, que van a su rollo y que están destruyendo el universo. Toma ya, con dos cojones. Te quedas un poco patidifuso, y no sabes qué responder, pero antes de que intentes hacerlo, ella te pregunta: "¿Tú no serás igual que ellos, no?".

¿Quieres que te diga QUIÉN es igual que ellos? En ese momento sólo quieres llegar a tu parada, pero se hace eterno. Tú le respondes a la señora que no, que no eres de ellos, y piensas que te deje en paz ya, que ya te ha torturado suficientemente como para hacer otra pregunta, que acabaría con tu vida. Pero sí, hay otra pregunta. Paso número cuatro: La señora te pregunta cuál es tu parada. En ese instante piensas que la señora quiere irse contigo y convertirse en tu abuela, contándote su vida hasta cuando vas a cagar. ¿Para qué una revista? Tienes ahí a la buena de la señora.

Es tu parada. Ahí está, lo informan, tienes la victoria en tus manos. Se abren las puertas, ya puedes salir. Pero no antes sin que la señora haga algo. Paso número cinco: Te da dos besos y te dice que "a ver cuándo nos volvemos a ver". Sonríes. Asientes. TE VAS.

11/5/10

Elegir

Me levanto. O me medio levanto, ya que hoy es un día festivo de esos que es mejor quedarse todo el día metido en cama. ¿Pero de verdad hace falta medio levantarse? Me he dado cuenta que ayer por la noche ni cerré la persiana, mi persiana, mi gran amiga. Esa que se alía conmigo para que la luz no me moleste. Ella, mi amiga. Pero tampoco cerré la televisión. ¿Cómo no pude ni darme cuenta? ¿No me ha molestado el volumen tan alto que tenía? ¿Ni el reflejo de sus imágenes?

Ya estoy fuera de mi habitación, sentado en el sofá. Otro, mi sofá, mi amigo, el que me acoge cada día con los brazos abiertos. Porque quizás estas cosas con inteligencia nula en ocasiones pueden ser tu mejor aliado, el que mejor te entiende. Pero no puede darte consejos, no puede ni siquiera acariciarte el brazo para que te sientes mejor y protegido. ¿Y lo bien que sientan esas caricias? Ese signo de complicidad, de cariño, de apoyo, de connivencia... Un pequeño gesto que en ocasiones dice mucho.

Mi taza de café con leche en la mano. Quizás para despertarme de una vez pese a que no quiera hacerlo. Y me vuelvo a preguntar: ¿Por qué no quiero hacerlo? De verdad, ¿por qué no? Parece que hoy me dé todo igual, pero lo peor de todo es que no quiero que eso suceda. ¿De verdad estoy seguro de lo que quiero hacer? Todo me cae encima, una avalancha de sentimientos accede a destrozarme mentalmente. Pero será que soy estúpido y lo único que hago es pensar demasiado...

Pero elegir siempre ha sido el paso al acierto y al error. Siempre ha sido el paso a la vida o a la muerte, a la alegría o a la frustración. Elegir es el paso esencial. Elegir si quiero seguir siendo así y si soy capaz de cambiarlo todo, de pasar página como si de un libro se tratara, pero, en éste caso, una enciclopedia muy grande. Una enciclopedia, que por miedo, necesitaría visitar día sí y día también para saber si de verdad estoy haciendo lo correcto y no me equivoco. Pero, ¿quién va a saber que estoy haciendo lo correcto? ¿Es que el homo sapiens sapiens se ha vuelto listo de golpe?

Somos como animales... O cazas, o te mueres de hambre.

7/5/10

Lluvia

Lluvia. Agua cayendo del cielo. Nubes negras o no tan negras. Empapado me quedo, mirando perplejo hacia arriba. ¿Cómo? ¿Por qué? Miles de preguntas me haría en ese mismo instante, en ese momento, a esa hora, a ese mismo nanosegundo. Me siento en un banco. Un banco que acabo de encontrar con sólo bajar la mirada del cielo y girar mi cabeza hacia la derecha. Mi cuerpo sigue mojándose por cada una de las millones de gotas de agua que caen de ese sitio tan misterioso, el cielo.

A penas puedo ver qué hay alrededor. Todo tiene un tono gris, no sé si hay incluso niebla. Tampoco sé dónde estoy ni cómo he llegado. Escucho el mar. Las olas del mar y alguna valiente gaviota. Cierro los ojos. Intento recordar quién soy y qué he hecho con mi vida. Me doy cuenta que los errores abundan y que la buena suerte escasea. Y es que ser pesimista es muy fácil y optimista muy difícil. Abro los ojos. Sigue lloviendo y yo sigo mojándome. No hay ni una sola zona de mi piel que no esté mojada. Pero a mí me gusta, me gusta esta sensación.

Me gusta estar arropado aunque sea por agua fría. Me gusta sentirme querido como, lógicamente, a todos los demás les gusta. Me gusta escuchar esas olas del mar y esa gaviota que sigue buscando su comida, que sigue intentando sobrevivir, seguir su vida a modo de supervivencia. Pero lo que más me gusta es la lluvia. Porque con la lluvia puedo hacer un punto y seguido en mi vida. Exponerme a ella y pensar. Pensar mucho. Relajarme y dejarme llevar.

Mis músculos ya no están tan tensos. Parece que la tormenta se ha cansado de estar en el mismo sitio. Quiere irse, y se va mientras el Sol se asoma con sus cortinas de luz. Empiezo a ver mi alrededor. No hay mar. No hay gaviotas. Y no estoy sentado en un banco, sino estoy sentado en una piedra. De hecho, estoy al mismo lado de mi casa, de mi hogar, mi dulce hogar. ¿Qué ha sucedido? Ha sucedido que la lluvia me ha llevado donde mis pensamientos, aquí dentro, en mi imaginación. ¿Me ha gustado? Sí, me ha gustado.

Sólo queda esperar que se amontonen otras nubes más.

30/4/10

El Hombre que hablaba con las ranas

Puede que uno de los mejores libros que me haya leído en los últimos meses e incluso años. Sí, es posible que os parezca una exageración, una hipérbole, pero creo que este libro se merece un gran reconocimiento de parte de todos nosotros. Pues un libro así no se encuentra todos los días. "El Hombre que hablaba con las ranas", es un intento de libro filosófico, qué cojones, es un puto libro filosófico del gran Miguel Ángel Rodríguez, hombre que se ha ganado todos mis respetos por todo lo que ha hecho y sigue haciendo.

El libro empieza como tiene que empezar. Fuerte, sin dar rodeos, va a lo que va. En más de una ocasión menciona que no le gusta ser así de escatológico, pero ESO es, sin duda, una de las cosas que molan más del libro. Su soez que le convierte en un gran maestro de la escritura. En este libro en especial, está MUCHO más salido de lo normal. Si en el anterior, los que lo hayan leído, se rieron por sus grandes y ya míticas frases, por sus guarrerías constantes, en este libro os vais a encontrar el DOBLE y con mucho más condimento. Frases inesperadas que se las saca de la manga cuando menos te lo esperas, y eso es lo que gusta más a los lectores que siguen a este hombre.

Otra de las muchas cosas buenas que tiene este libro es su facilidad y rapidez al leerlo. Te mantiene distraído, queriendo saber qué sucederá en la próxima página y con qué va a sorprenderte esta vez. Como he dicho, lectura fácil y carcajada limpia por cada línea impregnada en el papel. Pero lo mejor, el súmmum, es el final. Final que podría decir para joderos a uno y cada uno de vosotros, pero que no voy a hacer. Un final que no te lo esperas para nada. Un final de diez, un libro de diez. Recomendado está.

24/4/10

Impotència

Puede que sea hora de sacar pecho de alguna cosa buena que haya hecho en mi vida. Y es que hoy he ganado el primer premio del Certamen Literario de la escuela, con un artículo que también irá al distrito. He pensado que quizás era buena idea compartirlo con la gente que me quiere, que me odia, que me extraña. Pido perdón por no haber aún traducción, pero el catalán sigue siendo una lengua realmente bonita. He dicho.
Els núvols grisos, sinònim de tempesta, comencen a tapar aquell increïble cel blau. Un cel viu, on els ocells volen lliures pel seu habitat, i on el Sol fa pujar la moral d’aquell cel tant viu, tant fort com per il•luminar de bones sensacions tothom que es dignés en observar-lo. Però jo només l’observava quan hi havia núvols. Molts cops vaig pensar que quina imatge tindria el Sol, els ocells i el mateix cel de mi. Si jugava amb ells fent la guitza o si aquesta era la meva personalitat i la meva forma d’actuar. Però de personalitat en tenia poca. Més poca que aquell núvol que comença a amenaçar amb un tro impressionant.

Sempre havia pensat que aquest seria el meu dia. Que avui em podia aixecar, completament nu i cridant que era la persona més feliç de la Via Làctia. De fet, ho somiava. I eren somnis esperançadors, plens de colors i llums, de personatges carismàtics i divertits. Era el meu propi món que desapareixia cada cop que obria els ulls. I quan obria els ulls, observava la realitat. Un món injust, on ningú s’entén i on els més dèbils es rendeixen a la guerra del dia a dia. On no hi ha color, ni llum, ni personatges divertits. Tenia tants desitjos, havia fet tantes oracions a algú que ni tan sols conec, i havia plorat per ser una formiga enmig d’una ciutat immensa de peus humans.

Però no tot s’acabava. O això em deien. De fet, això és el que diu tothom amb optimisme. Que aquí res s’acaba, que s’ha de seguir lluitant i demostrar qui ets i què fas aquí. Però, lluitar per què? Per tornar a caure una i una altra vegada? Per obtenir decepcions, injustícies...? Molts cops vaig pensar en què podria existir un bus turístic. Sí, un bus turístic on totes les persones que es senten igual que jo poguessin pujar, i flotant pels aires, poguessin observar què s’està fent amb la humanitat. Perquè nosaltres, els humans, mai canviarem.

Encara que, en el fons, no tot és pessimisme. Hi ha coses precioses: espectacles naturals, gent reconciliant-se i estimant-se, criatures naixent, persones complint somnis... Però des de una cadira de rodes tot es veu diferent. Tot està per damunt teu, i les forces no et sobren precisament. Perds les ganes de viure i no saps per què ho segueixes fent. Però hi ha una cosa pitjor. I això és l’impotència. L’increïble impotència de voler menjar-se el món i no ser capaç de fer-ho. L’impotència de veure davant teu nens corrents, nens gaudint de la seva innocència. L’impotència de veure per televisió una nova guerra. L’impotència de sé qui sóc i no poder canviar-ho.

23/4/10

Corre o muere (Quinta y última parte)

Día cinco: Odisea en el espacio

La que se montó ese día. No, creo que no me entendéis. LA QUE SE MONTÓ. Parecía el día del juicio final. Todo el mundo llamando a sus padres, todo el mundo alterado, con mal cuerpo, con un no saber lo que iba a suceder. Creo que se estaba exagerando mucho. Todo eso era un caos, y parecía que nos íbamos a la guerra. Bolsas llenas de provisiones: comida, ropa interior, cargadores, más comida, un poco más de comida, algo más de comida...¡Y baratito, hoyga! ¡Al riiiiiico filme!

Ya habían pasado unas horas, y los profesores aún no nos había dicho nada. Nosotros nos habíamos aposentado en el ya mítico colegio donde nos guió esa semana, esperando a nuevas noticias con la televisión abierta. Yo, sinceramente lo digo, me lo tomé con tranquilidad. No tuve nada mejor que hacer que ponerme a jugar al UNO (el que te la mete como ninguno) y a esperar que pasaran las horas. A mí que me digan lo que hay que hacer y lo hago, pero con tranquilidad que no se acaba el mundo. Y mucho mejor si estoy donde estoy.

Después de unas horas, los profesores nos reunieron a todos para avisarnos de lo que habían decidido. Íbamos a coger un ferry que nos llevaría al norte de Francia, y desde ahí hasta Barcelona nos tragaríamos un viajecito con autocar de unas mas de 12 horas. En total, desde que salimos del hotel hasta Barcelona fueron unas más de 23 horas. Olé la madre que les trajo al mundo. Después de comprar todo lo que teníamos que comprar (repito que fue una exageración, ya que no sabíamos cuánto íbamos a tardar ni cuántos días íbamos a estar por ahí), un autocar nos vino a recoger en el hotel, y nos llevó hasta el ferry. Unas 3 horas de carretera para poder llegar y poder empezar dicho viaje.

El ferry era impresionante. Aunque, sin duda, creo que hay de muchos mejores. Pero digo que era impresionante porque nunca me he subido en ferry. Estaba bastante lleno de gente (y de MUCHOS canis, canis ingleses y franceses, eso era el mal), y habían muchas boutiques. Esa era mi oportunidad para poder comprar cosas a mis familiares. Y nunca creía que diría que compré algo balanceándome una y otra vez.


Después de comprar todo (vaya clavada), y después de una hora y media, llegamos a Francia. Sólo fue bajar hacia el parking, meterse en el autocar y empezar unas cuantas horas. Y cuando digo cuantas, digo muchas. Sólo puedo recordar que esa noche no dormí para nada, más bien por la gente que estaba detrás del autocar, que por desgracia yo también, que le hacían la típica putada al que se dormía. Al final fue leve, y yo tampoco tuve muchas ganas de dormir. Eso sí, tenía dos sitios para mí. En el fondo valgo para negociar.

Ya llegamos a Barcelona. Y lo primero que vi al bajar del autocar, fue a una cantidad de profesores sonriendo. Pero una sonrisa de cabrón, de decir: "Sí, ya estáis aquí para que os demos por culo y podáis hacer todo el trabajo que os voy a meter". Y porque estábamos sanos y salvos, hombre, sanos y salvos...

Todo había terminado. Esos fantásticos cinco días ya formaron parte de la historia. De mi historia, de mi cuento, de mi libro. De mi pequeño libro titulado "Corre o Muere". Muchas gracias a todos los que me habéis acompañado en este viaje y gracias a todos que habéis leído éste librillo, este esbozo con todo mi cariño. BIBA Londres.


21/4/10

Corre o muere (Cuarta parte)

Día cuatro: "Meridiano 0" y su línea imaginaria.


Puede que esta sea la primera vez que al principio del escrito pongo una foto más o menos con lo que voy a explicar. Pero es que el cuarto día en mi estancia en Londres, no hubo muchos altibajos ni muchas cosas que contar sinceramente. Fue, quizás, el día más aburrido de todos, pero eso no quiere decir que no me gustara ir por donde iba, sino que visitamos cosas más bien con poco condimento. Sin ketchup, mostaza, ni mayonesa, por favor. Gracias.

No recuerdo lo que hice esa noche, ni lo quiero recordar. Lo más seguro es que estaría hecho una mierda por dormir más bien poco, y que tampoco sabría dónde ir ni que hacer. Mis recuerdos empiezan cuando estaba subido al metro, dirigiéndome hacia nuestra zona de influencia: El London Eye y el Big Ben. A su lado, un barco que nos llevaría por el río Támesis, pasando por el Winchester (¡Oh, joder! Con sólo ver el Winchester yo ya fui feliz, sólo me faltaba restregar la chorra en él y así el mundo ya podía terminar con todo sin que a mí me importase [mentira]).



Después de pasar por sitios como la Torre de Londres, entre otros, llegamos a Greenwich Pier, sitio en el cual se dice muchas cosas de él pero en verdad tiene poca cosa de especial. Tampoco me hizo mucha ilusión estar en el centro del mundo, pero al menos vendían helados de Kit Kat al lado. Bueno, vale, me gustó todo en el fondo. Ya en Greenwich, nos fuimos al National Maritime Museum, sitio bastante pobre donde no había mucha cosa que observar ni que curiosear. Aunque, ¡estaba la lancha motora de James Bond! ¿Hay algo mejor que eso?



El día estaba terminando, pero hasta que el Sol no desapareciera, nosotros no dejaríamos de caminar. El pánico se había sembrado entre nosotros por culpa del maldito volcán, como ya todos sabéis. Todos nosotros estábamos pegados al móvil intentando hablar con nuestros progenitores (en mi caso más bien para tranquilizarles, yo me lo tomaba con calma) e informarnos de lo sucedido. Aunque nosotros seguíamos a nuestro ritmo, llegando a Abbey Road, sitio donde los Beatles hicieron un buen acto de presencia. Al llegar a ese muro, observamos todos sus garabatos, las firmas, etc...Era bastante impresionante todas las personas que habían pasado por ahí para poder firmar en aquel muro, y yo no quería ser menos.


Otro día más que terminaba. En el fondo estaba triste, porque ese pequeño sueño se iba terminando poco a poco. Aunque no sabía lo que me iba a suceder el día siguiente. Desde luego que no lo sabía.

20/4/10

Corre o muere (Tercera parte)

Día tres: ¿Y aquí vive esa vieja?


Puede que ahora pongáis cara de extrañados, que hagáis una mueca de asco o que estéis dando vueltas a la foto para saber qué es hasta que descifráis el mensaje. Sí, es té, y es el té más asqueroso que he probado en mi jodida y corta vida. Es una cosa repugnante, algo caliente que se mete en tu boca y empieza a dar vueltas por todos lados que hace que tengas unas ganas de potar sí o sí y allí mismo. Es un gusto que hace que tus ojos se salgan de sitio, que tus orejas caigan en la desesperación, que tu pelo también caiga, pero al suelo, y que los dedos de los pies se vayan corriendo para no aguantar tal tormento.

Ya era otro día en Londres, y la noche anterior había hecho de ninja (es mejor que no preguntéis por qué). Estaba bastante dormido y de poco me fue de no enterarme de lo que estaba sucediendo. Menos mal que los semáforos, los pasos de cebra y los coches dan caña a uno. Se debe estar atento para no morir y esas cosas. El caso es que nos dirigimos hacia Green Park, cuyo parque está al mismo lado del Buckingham Palace. La cosa se resume en dos palabras: Verde y mierda. Verde por el Green Park, claro está, sí. Y mierda por el Buckingham Palace, porque por mucho que ahí viva la vieja esa, lo podrían limpiar un poco, que no está nada mal. Pero aún así, fue curioso verlo.


Después de ver tales sitios, la "riqueza" no terminaba, ya que ese día iba a ser un día muy "lujoso", por así decirlo. Nos fuimos a Harrods. Y Harrods es la cosa más lujosa, más cara, más de todo que he visto en mi puñetera vida (otra vez). Me daban sarpullidos de ver cosas tan doradas, tan plateadas y, repito, TAN caras. Ya que un bolígrafo, al loro, un bolígrafo normal y corriente (al menos para mí), valía más de 3.000 libras. MÁS DE 3.000 LIBRAS. ¡¿Pero esto qué es?! ¡¿Y el papel del lavabo es dorado con dibujitos de MickeyMouse que te lamen el culo y te dicen "Hola, que tengas una buena cagada"?! No sé, yo esto no lo entiendo.

Después de salir de Harrods (el entrar fue más chungo, ya que está plagado de guardias que no dejan pasar; al final nosotros nos colamos no sé cómo), nos fuimos al Sciencie Museum, donde tuvimos que hacer una cola de más de una hora y donde nos comimos el bocata de picnic más asqueroso que he saboreado (otra y otra vez) en mi vida. Sí, era un pan de donut, con lechuga rancia, con mantequilla rancia, con lonchas de tomate ya ni cortado y con jamón york también rancio. ¡Olé sus cojones! Al entrar ya al museo, después de registrar nuestras mochilas (allí registran MUCHO), tuvimos unos 15 minutos para estar por ahí. Bastante interesante y curioso. Me gustó bastante.


Por la tarde-noche nos dieron la sorpresita que todos queríamos: Subir al London Eye. London Eye puedo decir que es impresionante y que es recomendable al 100 %. Se ve todo Londres, se ve todo. Y si es de noche, como nos sucedió a nosotros, es muy bonito e incluso romántico. Fue una bonita experiencia que cuando cierro los ojos lo recuerdo. Me gustaría volver cada noche cuando estoy triste o agobiado. Chapeau para ellos.



19/4/10

Corre o muere (Segunda parte)

Día dos: ¿Look right? ¿Look left? MIS COJONES

Segundo día en mi estancia en Londres. Bajamos a almorzar. Quizás la mejor hora del día, el almuerzo. Es el único momento del día donde puedo comer algo y que esté BUENO. Llenarte la boca con esa deliciosa leche, esos deliciosos cruasanes, esas deliciosas lonchas de jamón york, ese delicioso queso del vaquerío me fió y ese delicioso café amargo.

Después del almuerzo y de su puta madre en patinete, todos ya con nuestras bolsas o bolsos de mano, nos dirigimos hacia el colegio. Pobre de mí que pensaba que el viaje sería tranquilo disfrutando del paisaje. Allí el tráfico es el INFIERNO, EL ARDIENTE INFIERNO. Los semáforos van a su rollo, los coches van jodidamente follados y si el paso de cebra te dice que mires por la derecha, los coches te van a salir por la izquierda, y si miras por la izquierda los coches te van a salir por la derecha. Está científicamente estudiado, para pasar al otro lado, debes CORRER O MORIR. Aún no sé cómo muchos de nosotros seguimos vivos ante tal desgracia humana. Es lo que tiene conducir por la derecha. O conducir por la izquierda. O por el cielo. O por el sub-suelo.

Me tomas el pelo, ¿no?

Ya ubicados en el colegio, vinieron dos guias que nos acompañarían esos días que estaríamos por ahí. Después de hablar con ellos, nos dirigimos al metro intentando esquivar y corriendo todo lo que pudimos para que los coches no nos llevaran las piernas por delante. Cogimos la línea Jubilee Line hasta Tottenham Court Road, pero tampoco sabíamos lo que pasaría en ese metro. También van follados. TODOS los transportes de ahí van follados. Y no sé por qué, no sé qué manía tienen, no sé si ya es tradición dejarnos sin menisco (al menos en el metro) o qué. Pero os aseguro que ir en un transporte público ahí es toda una aventura.



Después de llegar a Tottenhan Court Road, todos desmelenados, sin piernas y con diferentes golpes en las zonas más sensibles, salimos al exterior. Era todo bastante impresionante, muy bonito, diferente, en definitiva. Nos dirigimos hacia el BritishMuseum, y una vez allí, esperamos las indicaciones de los profesores para entrar y acribillar el museo a modo de foto con flash.



Después de todo el follón chupiguay, después de empezar las clases (debo decir que las clases se hicieron amenas y que no tengo ninguna queja de ellas, me gustaron y creo que aprendí algo más), y después de "cenar" sobre las seis, por así decirlo, nos dirigimos hacia "ahoranosédóndeeraporquetengomemoriadepez", donde observamos el London Eye de cerca y el Big Ben de mucho más cerca. Me esperaba algo más de éste último, la verdad.




18/4/10

Corre o muere (Primera parte)

Corre o muere, sería el título del libro que yo escribiría. Estaría basado en mi historia en Londres y todo lo sucedido allí. Una historia que estaría plagada de anécdotas divertidas y otras no tan divertidas. Plagada de risas y más risas y de lugares emblemáticos fotografiados como cuales chinos fuéramos. Plagado de muecas de asco al ver la comida, mirándote a la cara ahí, sentada en la mesa y esperando a ser comida y a ser digerida por ti. En fin, plagada de buenos momentos e irrepetibles. Momentos que repetiría una y otra vez si fuese posible. Gracias a todos los que habéis estado ahí para hacer una de las semanas más inolvidables de mi vida.


Día uno: ¿Qué nos espera?

Bien sabía yo que hoy era el día de salida. Sólo tenía una maleta preparada, y la otra, la de mano, estaba ahí, en un cajón bien guardada sin hacer ruido, no vaya a ser que me cojan. Al final, aún a tiempo, pude terminar de preparar todo lo que tenía que preparar. Como siempre me pasa, no estaba seguro si lo cogía todo y tenía ese run-run en la cabeza que me decía que algo me dejaba y que me iba a joder cuando llegara a Londres. Por suerte, había cogido todo. O al menos eso creía yo, claro.

Al lado de mi madre, la buena mujer que quiso acompañarme hasta el punto de partida donde nos esperaba un autocar, llegué a tal sitio lleno de amigos y compañeros con sus respectivos padres y de profesores esperándonos con una sonrisa en la cara y haciendo besos a todos. Nunca les había visto tan contentos. No sé si es porque nos íbamos o porque nos veían ilusionados. En estas ocasiones es mejor pensar la segunda opción, claro.

El autocar nos llevó en el aeropuerto. Nosotros íbamos a volar con EasyJet, y no nos trajo muchos problemas. La cola no se hizo muy larga, todo fue tal y como tenía que ir y nadie se quejó de nada. Después de un buen rato, al fin embarcamos y nos pusimos rumbo a tierras inglesas. El vuelo no se hizo muy pesado, más bien corto, todo en su sitio, como ya he dicho.

Ya estábamos pisando tierra firme, inglesa. Me puse a mirar a mi alrededor, pues me hacía mucha gracia estar donde estaba, ya que nunca había pisado lo que estaba pisando. Todo era bastante curioso y divertido. Se notaba que todo eso me iba a gustar, era un pálpito. Fuimos a buscar nuestras maletas y después a buscar un autocar que nos llevase hasta el hotel donde nos alojaríamos. Pero nadie de nosotros sabía que el aeropuerto estaba a unas 50 millas de nuestra zona de influencia. Bastante trozo que cortar.


Llegamos ya al hotel, y ya parecíamos chinos con ganas de fotografiar hasta la mierda de perro que había en cualquier árbol. Aunque eso no podría ser, ya que está confirmado que en Londres no hay ni un solo perro y ni una sola mierda de perro. Tenemos la teoría que la comida que hacen ahí, es mierda de perro. Frita y con curri. Entramos en el hotel y esperamos que dijeran nuestros nombres para darnos las llaves y subir a nuestras respectivas habitaciones. Lo curioso es que la llave era una tarjeta y ese hotel no era precisamente uno de mala muerte. Sino que era bastante lujoso y acogedor.

Entramos a nuestra habitación y ALUCINAMOS. Era grande, bonita, increíble. Con una televisión de plasma con más de 90 canales, con unas cortinas, unas sabanas, una moqueta, un lavabo... Y lo mejor de todo: Había wifi. Era muy bonito y yo ya tenía otro pálpito. Allí iba a dormir e iba a pasármelo muy bien. Aunque era fácil adivinarlo.



Después bajamos y nos dijeron que no estaba esperando de nuevo el autocar para llevarnos al colegio, colegio que nos guiaría en todo momento y nos daría de comer. Si eso se le puede decir comer. Sólo llegar, una profesora (o directora, diría yo), nos dijo dónde estaba cada cosa y qué íbamos a hacer. Bajamos hacia una sala donde habían ordenadores, máquinas de café y al lado el comedor, y nos esperamos un rato. Ya nos llamaban para ir a cenar. Y eran sólo las 6 de la tarde y mi estómago que me decía que sus cojones iban a cenar ahora.

Lo único que tenía buena pinta, pero no tan buen sabor

La comida no era especialmente deliciosa. De hecho, en todos estos días nunca la ha sido. Por mi gusto, ha sido casi vomitiba, pero he tragado como un campeón (o no). Al terminar de comer, fuimos a dar una vueltecilla. Más que vueltecilla, fuimos del colegio al hotel, que habían unos 15 minutos de camino. Seguimos haciendo fotos de todo lo que veíamos, y nos alojamos de nuevo en el hotel.



PD: La segunda parte o el segundo día, lo tendréis mañana. Lo hago más bien para ir siguiendo la cosa y no perderse, y para que no se haga tan tedioso.
 
 
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