Ayer me crucé con un niño. Cosa normal por desgracia mía. Pero hubo algo que me llamó la atención. Al lado del niño habían más, formando un círculo y hablando de sus cosas. Parecían sus amigos, o al menos me lo parecía a mí, pero él no decía nada, se limitaba a estar al lado. Su mirada estaba perdida, veía tristeza en su expresión, desesperación por no existir para sus amigos y ser algo parecido a invisible.
Los que serían sus amigos seguían riendo e incluso pegándose medio en broma, disfrutando del momento "en familia". El niño les miraba de reojo e intentaba llamar su atención tirando una piedra por su lado. Le daba igual que se metieran incluso con él. Sólo quería que alguien le hiciera caso, aunque sea escucharlo por un momento. No entendía por qué nadie le atendía, ni sus propios amigos, no entendía qué tenía de malo, qué le hacía de diferente a los demás. Parecía que tenía una forma distinta a pensar que ellos y eso le hacía separarse poco a poco. Aunque el pobre no se daba cuenta de ello, era su forma de pensar, de ver las cosas. ¿Tanto les costaba a sus amigos entenderlo y aceptarlo como uno más?
El chiquito, de unos diez años, volvía a perderse en sus pensamientos, enredándose en un laberinto interminable. Lloró. Lloró con toda su alma pidiendo ayuda a gritos sin gritar. Me produjo cierta lástima e incluso ganas de preguntarle qué sucedía, pese a que yo ya me había montado mi propia historia. Me acerqué. Disimuladamente, me acerqué para entender la situación un poco más, para asegurarme. Parece ser que el niño observó mis movimientos y se dirijo al grupo de "amigos". Allí estaba él, al lado de los demás sin decir ni mú. Me extrañó que no dijera nada. Para qué mentirnos, no me extrañó. Deduje que no tenía nada que decir, que no veía necesario abrir la boca para que luego no le escucharan.
Y es que, ¿tanto cuesta intentar entender al otro? Aunque sea preguntarle por qué está callado. Pero no tirar del tópico con un "pues vale", después de que el otro responda "por nada". ¿Tanto cuesta comprender a alguien? ¿Preocuparse por sus sentimientos aunque sea una sola vez? Puedes perderte tantas cosas...
Los que serían sus amigos seguían riendo e incluso pegándose medio en broma, disfrutando del momento "en familia". El niño les miraba de reojo e intentaba llamar su atención tirando una piedra por su lado. Le daba igual que se metieran incluso con él. Sólo quería que alguien le hiciera caso, aunque sea escucharlo por un momento. No entendía por qué nadie le atendía, ni sus propios amigos, no entendía qué tenía de malo, qué le hacía de diferente a los demás. Parecía que tenía una forma distinta a pensar que ellos y eso le hacía separarse poco a poco. Aunque el pobre no se daba cuenta de ello, era su forma de pensar, de ver las cosas. ¿Tanto les costaba a sus amigos entenderlo y aceptarlo como uno más?
El chiquito, de unos diez años, volvía a perderse en sus pensamientos, enredándose en un laberinto interminable. Lloró. Lloró con toda su alma pidiendo ayuda a gritos sin gritar. Me produjo cierta lástima e incluso ganas de preguntarle qué sucedía, pese a que yo ya me había montado mi propia historia. Me acerqué. Disimuladamente, me acerqué para entender la situación un poco más, para asegurarme. Parece ser que el niño observó mis movimientos y se dirijo al grupo de "amigos". Allí estaba él, al lado de los demás sin decir ni mú. Me extrañó que no dijera nada. Para qué mentirnos, no me extrañó. Deduje que no tenía nada que decir, que no veía necesario abrir la boca para que luego no le escucharan.
Y es que, ¿tanto cuesta intentar entender al otro? Aunque sea preguntarle por qué está callado. Pero no tirar del tópico con un "pues vale", después de que el otro responda "por nada". ¿Tanto cuesta comprender a alguien? ¿Preocuparse por sus sentimientos aunque sea una sola vez? Puedes perderte tantas cosas...

3 Comentarios:
Preguntando, preguntando, se llega al corazón de las personas. Mirando, solo te limitas al exterior.
El problema está en que sus "amigos" no saben, de alguna manera, escuchar el silencio de ese niño.
me ha gustado el post
feliz 2011
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