¿Alguna vez pensaste que esto fuera
realidad?

24/9/10

Huyendo de mi vida (Parte 1)

Muchas veces me ponía a leer la revista del corazón del viernes. De verdad, ya me dirás tú qué tiene de divertido ver una revista de tal características, pero no me importaba. No me importaba porque no tenía nada más que hacer, y a parte de releer estas revistas donde ya me conocía los marujeos de cada uno de esa gente llamada famosos, basándose única y exclusivamente en el fondo de su cartera, donde hacen programas sólo para ellos y para enterarse de su vida (normalmente amorosa, ya me explicaréis qué tiene de divertido eso), miraba cómo se movían las agujas del reloj. A eso me refiero a la más larga, la de los segundos, la que determina mi vida una y otra vez, en un futuro incierto y un presente digamos...demasiado presente, ¿no?

Allí estaba, en la residencia de ancianos donde tres semanas antes me había apuntado para ayudar a esta pobre gente que necesita, como ya he dicho, ayuda. No sé si la idea había sido muy buena, puesto que poco tenía que ayudar. Es decir, visitar a unos cuantos, contarles cuatro historietas y volverme al sofá del pasillo fondo-sur. Todo esto lo tenía que compaginar con los estudios, y ya estaba harto de ellos. Tan harto como estar en esa misma residencia. ¿Sabéis esas ganas de salir corriendo, pero no por estar huyendo, sino por el hecho de querer correr y correr? Era lo que sentía yo en aquel momento, y tampoco mi vida me iba tan mal. De hecho, nunca me había planteado cómo de buena o cómo de mala era mi vida. Vivía en la ignorancia.

Otro día más que pasa y otro día más con la revista del corazón en mis manos. Ahora leo que la señorita tiquismiquis y el don galán se casan. ¡¿Y a mí qué me importa?! Llega un momento que parece que te estén tomando el pelo. Y yo el pelo ya me lo tomo suficiente en la peluquería. La misma historia se repite. Habitación 201 y habitación 235. Y nada más. Ya puedo irme de nuevo a mi fiel pasillo fondo-sur, que nadie me va a decir nada. Y otro día más que pienso en lo mismo. ¿Por qué no me voy de aquí? ¿Vivo atrapado entre dos brazos enormes llamados residencia y estudios? Mi paja mental crece por momentos y creo que me voy a volver loco, aunque como lo contarían en una novela, en una película, donde quieras que sea, recibo una llamada a mi móvil. "¿Y ahora qué quiere?"-pienso.

Estoy sentado en el sofá de su casa. Él está allí, caminando de arriba abajo por todos lados. Empieza a ponerme de los nervios, pero él es así y no hay más. Sigo sin saber por qué me ha llamado, y sigue sin explicármelo. Así vamos muy bien, pronto me acordaré de su madre. Se para, decide decirme algo y por cada palabra que sale de su boca a mí los ojos se me abren más y más. ¡Dos entradas para un concierto! ¿Un concierto de quién? ¡Y a mí qué me cuentas! ¡Es la excusa perfecta para liberarme de mi mundo personal que me atormenta día sí y día también! La idea me parece perfecta, y antes de que él añadiera algo más, yo ya estaba en mi casa preparando las maletas. Mi madre me miraba y no decía nada. No entendía por qué mantenía su rostro serio, pero tampoco me iba a parar a preguntar. "Me voy a un concierto, estaré cinco días fuera". Lo único que hizo ella fue mirarme y con unas suaves palabras decirme que fuera con cuidado. ¡Y nada más! Algo estaba pasando pero...en fin, da igual.

Esperando el autocar estábamos. Es decir, ¡iba a ir en un maldito autocar! Y yo pensando que haría autoestop hasta que mi dedo pulgar me enviara a defecar por el campo. Dicho autocar llegó, y veía como la vía de escapatoria de mi vida se acercaba. Estaba contento, pero tampoco sabía dónde me llevaba ese autocar. Mi amigo no me dijo nada más y yo no me atrevía a preguntar a nadie del alrededor. Aunque ya me estaba oliendo algo. Mi amigo y yo éramos los únicos por debajo de la cuarentena. Para que nos entendamos: Estaba rodeado de señores ya algo mayores. "¿Seguro que esto nos lleva al concierto?", le pregunté a mi amigo. Él me respondió un claro sí, y yo confiando en él, me supuse que sólo era un autocar y que eso no quería decir que todos ellos fueran al concierto.

Me dijeron que quedaban bastantes horas, por lo que deduje que donde íbamos estaba lejos (olé tú), y que como más lejos, mucho mejor. No sabía con quién hablar, de hecho, no tenía ganas de hablar, así que me acurruqué y cerré los ojos. Deseaba que el viaje pasara largo y que al despertar ya estuviera allí. Y no sé si fue todo lo que deseaba. Me desperté. Era de noche y el autocar estaba completamente vacío. Sólo la luz de una luna creciente me iluminaba. No entendía nada, y aún menos lo iba a entender recién despertado. Pero como pude, me levanté, bajé del autocar y...preferiría no haberlo hecho.

4 Comentarios:

Jorge dijo...

Puto cliffhanger, ahora quiero leer más, ¡MUCHO MÁS!

Y me encanta la manera de pensar a trompicones que tiene este chico, logro percibir lo desordenado que tiene el cerebro tras la rayada del capítulo anterior. ¡Mola!

carnotan dijo...

Eres bueno chico, bastante bueno...

Agus dijo...

Al final se despertará y todo habrá sido una ensoñación del anciano de la habitación 235 :D

Anónimo dijo...

Me gusta.

 
 
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