¿Quién no se ha encontrado alguna vez con aquella humilde señora sentada en el fondo del vagón y con una apariencia más que normal? Muchos de nosotros, ¿no? ¿Y quién no se ha encontrado alguna vez con aquella humilde señora sentada en el fondo del vagón que sólo al verte te mira de arriba abajo y no te saca la mirada, como si te estuviera diciendo "si te sientas ahí te muerdo"? Supongo que a todos vosotros os ha sucedido eso alguna que otra vez, y supuestamente es la cosa más normal que existe. O al menos eso pensamos.
La cosa se complica cuando entras al tren. Está lleno de arriba abajo y sólo ves un asiento, que incomprensiblemente (eso piensas tú al principio, luego la cosa va variando) está vacío con toda esa gentada. Te diriges hacia dicho asiento, pasando entre la gente como puedes, y al llegar, te encuentras con una señora. Una señora con una apariencia muy normal. Se te queda mirando con cara de desafiadora. Piensas que sólo serán imaginaciones tuyas, pero te equivocas. Haces un movimiento en falso y te salta a la yugular sin dudar ni un sólo segundo. Pero por si acaso, que eso no vaya a suceder, le preguntas si puedes sentarte ahí, en ese asiento tan bonito. "¿Puedo sentarme ahí, en ese asiento tan bonito?". Ella asiente con la cabeza.
La cosa se complica cuando entras al tren. Está lleno de arriba abajo y sólo ves un asiento, que incomprensiblemente (eso piensas tú al principio, luego la cosa va variando) está vacío con toda esa gentada. Te diriges hacia dicho asiento, pasando entre la gente como puedes, y al llegar, te encuentras con una señora. Una señora con una apariencia muy normal. Se te queda mirando con cara de desafiadora. Piensas que sólo serán imaginaciones tuyas, pero te equivocas. Haces un movimiento en falso y te salta a la yugular sin dudar ni un sólo segundo. Pero por si acaso, que eso no vaya a suceder, le preguntas si puedes sentarte ahí, en ese asiento tan bonito. "¿Puedo sentarme ahí, en ese asiento tan bonito?". Ella asiente con la cabeza.
Quizás son imaginaciones tuyas, y toda la paja mental que te has montado antes, es pura pérdida de tiempo. Pero por cada cotocló del tren pasando por las vías te hace cambiar de opinión. Paso número uno: La señora se dirige a ti y te dice qué tiempo hace y te da a ver su opinión. Lo único que puedes hacer es darle la razón y seguir a lo tuyo. Pero esa pregunta es esencial, puesto que sabrás que te estará preguntando o diciendo cosas estúpidas que no vienen a cuento y que a ti te importan un cojón y medio.Paso número dos: La señora se vuelve a dirigir a ti y te hace una descripción de las personas que hay alrededor, algo así en general. Cosa que tampoco te interesa pero atiendes a tales explicaciones para no hacerle un feo a la pobre señora. Aunque de pobre tiene poco. Mientras te habla, rollo película, vas escuchando su voz más y más lenta, pierdes la noción del tiempo, todo se te hace más y más pesado. Mientras eso pasa, te maldices a ti mismo por haber ido a ese puto asiento que te está jodiendo la mañana, con lo bien que había empezado con tus magdalenas de chocolate. Ahora bien, no estás escuchando a la señora pero ella sigue hablando como si nada.
Paso número tres: El consejo. El consejo nunca puede faltar. El consejo es algo esencial en nuestras vidas, algo que siempre irá cogido de nuestras bonitas manos. El gran consejo sobre la vida y los adolescentes de hoy en día. La señora se VUELVE A DIRIGIR A TI, y ya te estás cagando en la buena madre que tuvo los santos ovarios de traerla al mundo. Te dice que los adolescentes de hoy en día son demasiado maleducados, que no saben respetar nada, que van a su rollo y que están destruyendo el universo. Toma ya, con dos cojones. Te quedas un poco patidifuso, y no sabes qué responder, pero antes de que intentes hacerlo, ella te pregunta: "¿Tú no serás igual que ellos, no?".
¿Quieres que te diga QUIÉN es igual que ellos? En ese momento sólo quieres llegar a tu parada, pero se hace eterno. Tú le respondes a la señora que no, que no eres de ellos, y piensas que te deje en paz ya, que ya te ha torturado suficientemente como para hacer otra pregunta, que acabaría con tu vida. Pero sí, hay otra pregunta. Paso número cuatro: La señora te pregunta cuál es tu parada. En ese instante piensas que la señora quiere irse contigo y convertirse en tu abuela, contándote su vida hasta cuando vas a cagar. ¿Para qué una revista? Tienes ahí a la buena de la señora.
Es tu parada. Ahí está, lo informan, tienes la victoria en tus manos. Se abren las puertas, ya puedes salir. Pero no antes sin que la señora haga algo. Paso número cinco: Te da dos besos y te dice que "a ver cuándo nos volvemos a ver". Sonríes. Asientes. TE VAS.

2 Comentarios:
Y por eso solo me siento en el metro o en el tren solo cuando están todos los asientos libres de cada grupo. Para ahorrarme viejos brasas.
Aunque a veces aparecen, se te sientan, te preguntan cosas y casi te obligan a hablar con ellos incluso cuando te levantas y te estás bajando.
Por cierto, siempre voy con música en el metro; me pueden preguntar algo, me los quito, respondo y me los vuelvo a poner. Si me los vuelvo a poner, ¿qué coño les hace pensar que quiero una puta conversación? ¿Y por qué son inmunes a las miradas asesinas? Menos mal que ahora solo me encuentro con lo gilipollas que hay por la carretera.
La cosa se complica mucho más cuando la señora huele mal. O saca un bocadillo de chorizo y come con la boca abierta mientras te mira.
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