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23/4/10

Corre o muere (Quinta y última parte)

Día cinco: Odisea en el espacio

La que se montó ese día. No, creo que no me entendéis. LA QUE SE MONTÓ. Parecía el día del juicio final. Todo el mundo llamando a sus padres, todo el mundo alterado, con mal cuerpo, con un no saber lo que iba a suceder. Creo que se estaba exagerando mucho. Todo eso era un caos, y parecía que nos íbamos a la guerra. Bolsas llenas de provisiones: comida, ropa interior, cargadores, más comida, un poco más de comida, algo más de comida...¡Y baratito, hoyga! ¡Al riiiiiico filme!

Ya habían pasado unas horas, y los profesores aún no nos había dicho nada. Nosotros nos habíamos aposentado en el ya mítico colegio donde nos guió esa semana, esperando a nuevas noticias con la televisión abierta. Yo, sinceramente lo digo, me lo tomé con tranquilidad. No tuve nada mejor que hacer que ponerme a jugar al UNO (el que te la mete como ninguno) y a esperar que pasaran las horas. A mí que me digan lo que hay que hacer y lo hago, pero con tranquilidad que no se acaba el mundo. Y mucho mejor si estoy donde estoy.

Después de unas horas, los profesores nos reunieron a todos para avisarnos de lo que habían decidido. Íbamos a coger un ferry que nos llevaría al norte de Francia, y desde ahí hasta Barcelona nos tragaríamos un viajecito con autocar de unas mas de 12 horas. En total, desde que salimos del hotel hasta Barcelona fueron unas más de 23 horas. Olé la madre que les trajo al mundo. Después de comprar todo lo que teníamos que comprar (repito que fue una exageración, ya que no sabíamos cuánto íbamos a tardar ni cuántos días íbamos a estar por ahí), un autocar nos vino a recoger en el hotel, y nos llevó hasta el ferry. Unas 3 horas de carretera para poder llegar y poder empezar dicho viaje.

El ferry era impresionante. Aunque, sin duda, creo que hay de muchos mejores. Pero digo que era impresionante porque nunca me he subido en ferry. Estaba bastante lleno de gente (y de MUCHOS canis, canis ingleses y franceses, eso era el mal), y habían muchas boutiques. Esa era mi oportunidad para poder comprar cosas a mis familiares. Y nunca creía que diría que compré algo balanceándome una y otra vez.


Después de comprar todo (vaya clavada), y después de una hora y media, llegamos a Francia. Sólo fue bajar hacia el parking, meterse en el autocar y empezar unas cuantas horas. Y cuando digo cuantas, digo muchas. Sólo puedo recordar que esa noche no dormí para nada, más bien por la gente que estaba detrás del autocar, que por desgracia yo también, que le hacían la típica putada al que se dormía. Al final fue leve, y yo tampoco tuve muchas ganas de dormir. Eso sí, tenía dos sitios para mí. En el fondo valgo para negociar.

Ya llegamos a Barcelona. Y lo primero que vi al bajar del autocar, fue a una cantidad de profesores sonriendo. Pero una sonrisa de cabrón, de decir: "Sí, ya estáis aquí para que os demos por culo y podáis hacer todo el trabajo que os voy a meter". Y porque estábamos sanos y salvos, hombre, sanos y salvos...

Todo había terminado. Esos fantásticos cinco días ya formaron parte de la historia. De mi historia, de mi cuento, de mi libro. De mi pequeño libro titulado "Corre o Muere". Muchas gracias a todos los que me habéis acompañado en este viaje y gracias a todos que habéis leído éste librillo, este esbozo con todo mi cariño. BIBA Londres.


21/4/10

Corre o muere (Cuarta parte)

Día cuatro: "Meridiano 0" y su línea imaginaria.


Puede que esta sea la primera vez que al principio del escrito pongo una foto más o menos con lo que voy a explicar. Pero es que el cuarto día en mi estancia en Londres, no hubo muchos altibajos ni muchas cosas que contar sinceramente. Fue, quizás, el día más aburrido de todos, pero eso no quiere decir que no me gustara ir por donde iba, sino que visitamos cosas más bien con poco condimento. Sin ketchup, mostaza, ni mayonesa, por favor. Gracias.

No recuerdo lo que hice esa noche, ni lo quiero recordar. Lo más seguro es que estaría hecho una mierda por dormir más bien poco, y que tampoco sabría dónde ir ni que hacer. Mis recuerdos empiezan cuando estaba subido al metro, dirigiéndome hacia nuestra zona de influencia: El London Eye y el Big Ben. A su lado, un barco que nos llevaría por el río Támesis, pasando por el Winchester (¡Oh, joder! Con sólo ver el Winchester yo ya fui feliz, sólo me faltaba restregar la chorra en él y así el mundo ya podía terminar con todo sin que a mí me importase [mentira]).



Después de pasar por sitios como la Torre de Londres, entre otros, llegamos a Greenwich Pier, sitio en el cual se dice muchas cosas de él pero en verdad tiene poca cosa de especial. Tampoco me hizo mucha ilusión estar en el centro del mundo, pero al menos vendían helados de Kit Kat al lado. Bueno, vale, me gustó todo en el fondo. Ya en Greenwich, nos fuimos al National Maritime Museum, sitio bastante pobre donde no había mucha cosa que observar ni que curiosear. Aunque, ¡estaba la lancha motora de James Bond! ¿Hay algo mejor que eso?



El día estaba terminando, pero hasta que el Sol no desapareciera, nosotros no dejaríamos de caminar. El pánico se había sembrado entre nosotros por culpa del maldito volcán, como ya todos sabéis. Todos nosotros estábamos pegados al móvil intentando hablar con nuestros progenitores (en mi caso más bien para tranquilizarles, yo me lo tomaba con calma) e informarnos de lo sucedido. Aunque nosotros seguíamos a nuestro ritmo, llegando a Abbey Road, sitio donde los Beatles hicieron un buen acto de presencia. Al llegar a ese muro, observamos todos sus garabatos, las firmas, etc...Era bastante impresionante todas las personas que habían pasado por ahí para poder firmar en aquel muro, y yo no quería ser menos.


Otro día más que terminaba. En el fondo estaba triste, porque ese pequeño sueño se iba terminando poco a poco. Aunque no sabía lo que me iba a suceder el día siguiente. Desde luego que no lo sabía.

20/4/10

Corre o muere (Tercera parte)

Día tres: ¿Y aquí vive esa vieja?


Puede que ahora pongáis cara de extrañados, que hagáis una mueca de asco o que estéis dando vueltas a la foto para saber qué es hasta que descifráis el mensaje. Sí, es té, y es el té más asqueroso que he probado en mi jodida y corta vida. Es una cosa repugnante, algo caliente que se mete en tu boca y empieza a dar vueltas por todos lados que hace que tengas unas ganas de potar sí o sí y allí mismo. Es un gusto que hace que tus ojos se salgan de sitio, que tus orejas caigan en la desesperación, que tu pelo también caiga, pero al suelo, y que los dedos de los pies se vayan corriendo para no aguantar tal tormento.

Ya era otro día en Londres, y la noche anterior había hecho de ninja (es mejor que no preguntéis por qué). Estaba bastante dormido y de poco me fue de no enterarme de lo que estaba sucediendo. Menos mal que los semáforos, los pasos de cebra y los coches dan caña a uno. Se debe estar atento para no morir y esas cosas. El caso es que nos dirigimos hacia Green Park, cuyo parque está al mismo lado del Buckingham Palace. La cosa se resume en dos palabras: Verde y mierda. Verde por el Green Park, claro está, sí. Y mierda por el Buckingham Palace, porque por mucho que ahí viva la vieja esa, lo podrían limpiar un poco, que no está nada mal. Pero aún así, fue curioso verlo.


Después de ver tales sitios, la "riqueza" no terminaba, ya que ese día iba a ser un día muy "lujoso", por así decirlo. Nos fuimos a Harrods. Y Harrods es la cosa más lujosa, más cara, más de todo que he visto en mi puñetera vida (otra vez). Me daban sarpullidos de ver cosas tan doradas, tan plateadas y, repito, TAN caras. Ya que un bolígrafo, al loro, un bolígrafo normal y corriente (al menos para mí), valía más de 3.000 libras. MÁS DE 3.000 LIBRAS. ¡¿Pero esto qué es?! ¡¿Y el papel del lavabo es dorado con dibujitos de MickeyMouse que te lamen el culo y te dicen "Hola, que tengas una buena cagada"?! No sé, yo esto no lo entiendo.

Después de salir de Harrods (el entrar fue más chungo, ya que está plagado de guardias que no dejan pasar; al final nosotros nos colamos no sé cómo), nos fuimos al Sciencie Museum, donde tuvimos que hacer una cola de más de una hora y donde nos comimos el bocata de picnic más asqueroso que he saboreado (otra y otra vez) en mi vida. Sí, era un pan de donut, con lechuga rancia, con mantequilla rancia, con lonchas de tomate ya ni cortado y con jamón york también rancio. ¡Olé sus cojones! Al entrar ya al museo, después de registrar nuestras mochilas (allí registran MUCHO), tuvimos unos 15 minutos para estar por ahí. Bastante interesante y curioso. Me gustó bastante.


Por la tarde-noche nos dieron la sorpresita que todos queríamos: Subir al London Eye. London Eye puedo decir que es impresionante y que es recomendable al 100 %. Se ve todo Londres, se ve todo. Y si es de noche, como nos sucedió a nosotros, es muy bonito e incluso romántico. Fue una bonita experiencia que cuando cierro los ojos lo recuerdo. Me gustaría volver cada noche cuando estoy triste o agobiado. Chapeau para ellos.



19/4/10

Corre o muere (Segunda parte)

Día dos: ¿Look right? ¿Look left? MIS COJONES

Segundo día en mi estancia en Londres. Bajamos a almorzar. Quizás la mejor hora del día, el almuerzo. Es el único momento del día donde puedo comer algo y que esté BUENO. Llenarte la boca con esa deliciosa leche, esos deliciosos cruasanes, esas deliciosas lonchas de jamón york, ese delicioso queso del vaquerío me fió y ese delicioso café amargo.

Después del almuerzo y de su puta madre en patinete, todos ya con nuestras bolsas o bolsos de mano, nos dirigimos hacia el colegio. Pobre de mí que pensaba que el viaje sería tranquilo disfrutando del paisaje. Allí el tráfico es el INFIERNO, EL ARDIENTE INFIERNO. Los semáforos van a su rollo, los coches van jodidamente follados y si el paso de cebra te dice que mires por la derecha, los coches te van a salir por la izquierda, y si miras por la izquierda los coches te van a salir por la derecha. Está científicamente estudiado, para pasar al otro lado, debes CORRER O MORIR. Aún no sé cómo muchos de nosotros seguimos vivos ante tal desgracia humana. Es lo que tiene conducir por la derecha. O conducir por la izquierda. O por el cielo. O por el sub-suelo.

Me tomas el pelo, ¿no?

Ya ubicados en el colegio, vinieron dos guias que nos acompañarían esos días que estaríamos por ahí. Después de hablar con ellos, nos dirigimos al metro intentando esquivar y corriendo todo lo que pudimos para que los coches no nos llevaran las piernas por delante. Cogimos la línea Jubilee Line hasta Tottenham Court Road, pero tampoco sabíamos lo que pasaría en ese metro. También van follados. TODOS los transportes de ahí van follados. Y no sé por qué, no sé qué manía tienen, no sé si ya es tradición dejarnos sin menisco (al menos en el metro) o qué. Pero os aseguro que ir en un transporte público ahí es toda una aventura.



Después de llegar a Tottenhan Court Road, todos desmelenados, sin piernas y con diferentes golpes en las zonas más sensibles, salimos al exterior. Era todo bastante impresionante, muy bonito, diferente, en definitiva. Nos dirigimos hacia el BritishMuseum, y una vez allí, esperamos las indicaciones de los profesores para entrar y acribillar el museo a modo de foto con flash.



Después de todo el follón chupiguay, después de empezar las clases (debo decir que las clases se hicieron amenas y que no tengo ninguna queja de ellas, me gustaron y creo que aprendí algo más), y después de "cenar" sobre las seis, por así decirlo, nos dirigimos hacia "ahoranosédóndeeraporquetengomemoriadepez", donde observamos el London Eye de cerca y el Big Ben de mucho más cerca. Me esperaba algo más de éste último, la verdad.




18/4/10

Corre o muere (Primera parte)

Corre o muere, sería el título del libro que yo escribiría. Estaría basado en mi historia en Londres y todo lo sucedido allí. Una historia que estaría plagada de anécdotas divertidas y otras no tan divertidas. Plagada de risas y más risas y de lugares emblemáticos fotografiados como cuales chinos fuéramos. Plagado de muecas de asco al ver la comida, mirándote a la cara ahí, sentada en la mesa y esperando a ser comida y a ser digerida por ti. En fin, plagada de buenos momentos e irrepetibles. Momentos que repetiría una y otra vez si fuese posible. Gracias a todos los que habéis estado ahí para hacer una de las semanas más inolvidables de mi vida.


Día uno: ¿Qué nos espera?

Bien sabía yo que hoy era el día de salida. Sólo tenía una maleta preparada, y la otra, la de mano, estaba ahí, en un cajón bien guardada sin hacer ruido, no vaya a ser que me cojan. Al final, aún a tiempo, pude terminar de preparar todo lo que tenía que preparar. Como siempre me pasa, no estaba seguro si lo cogía todo y tenía ese run-run en la cabeza que me decía que algo me dejaba y que me iba a joder cuando llegara a Londres. Por suerte, había cogido todo. O al menos eso creía yo, claro.

Al lado de mi madre, la buena mujer que quiso acompañarme hasta el punto de partida donde nos esperaba un autocar, llegué a tal sitio lleno de amigos y compañeros con sus respectivos padres y de profesores esperándonos con una sonrisa en la cara y haciendo besos a todos. Nunca les había visto tan contentos. No sé si es porque nos íbamos o porque nos veían ilusionados. En estas ocasiones es mejor pensar la segunda opción, claro.

El autocar nos llevó en el aeropuerto. Nosotros íbamos a volar con EasyJet, y no nos trajo muchos problemas. La cola no se hizo muy larga, todo fue tal y como tenía que ir y nadie se quejó de nada. Después de un buen rato, al fin embarcamos y nos pusimos rumbo a tierras inglesas. El vuelo no se hizo muy pesado, más bien corto, todo en su sitio, como ya he dicho.

Ya estábamos pisando tierra firme, inglesa. Me puse a mirar a mi alrededor, pues me hacía mucha gracia estar donde estaba, ya que nunca había pisado lo que estaba pisando. Todo era bastante curioso y divertido. Se notaba que todo eso me iba a gustar, era un pálpito. Fuimos a buscar nuestras maletas y después a buscar un autocar que nos llevase hasta el hotel donde nos alojaríamos. Pero nadie de nosotros sabía que el aeropuerto estaba a unas 50 millas de nuestra zona de influencia. Bastante trozo que cortar.


Llegamos ya al hotel, y ya parecíamos chinos con ganas de fotografiar hasta la mierda de perro que había en cualquier árbol. Aunque eso no podría ser, ya que está confirmado que en Londres no hay ni un solo perro y ni una sola mierda de perro. Tenemos la teoría que la comida que hacen ahí, es mierda de perro. Frita y con curri. Entramos en el hotel y esperamos que dijeran nuestros nombres para darnos las llaves y subir a nuestras respectivas habitaciones. Lo curioso es que la llave era una tarjeta y ese hotel no era precisamente uno de mala muerte. Sino que era bastante lujoso y acogedor.

Entramos a nuestra habitación y ALUCINAMOS. Era grande, bonita, increíble. Con una televisión de plasma con más de 90 canales, con unas cortinas, unas sabanas, una moqueta, un lavabo... Y lo mejor de todo: Había wifi. Era muy bonito y yo ya tenía otro pálpito. Allí iba a dormir e iba a pasármelo muy bien. Aunque era fácil adivinarlo.



Después bajamos y nos dijeron que no estaba esperando de nuevo el autocar para llevarnos al colegio, colegio que nos guiaría en todo momento y nos daría de comer. Si eso se le puede decir comer. Sólo llegar, una profesora (o directora, diría yo), nos dijo dónde estaba cada cosa y qué íbamos a hacer. Bajamos hacia una sala donde habían ordenadores, máquinas de café y al lado el comedor, y nos esperamos un rato. Ya nos llamaban para ir a cenar. Y eran sólo las 6 de la tarde y mi estómago que me decía que sus cojones iban a cenar ahora.

Lo único que tenía buena pinta, pero no tan buen sabor

La comida no era especialmente deliciosa. De hecho, en todos estos días nunca la ha sido. Por mi gusto, ha sido casi vomitiba, pero he tragado como un campeón (o no). Al terminar de comer, fuimos a dar una vueltecilla. Más que vueltecilla, fuimos del colegio al hotel, que habían unos 15 minutos de camino. Seguimos haciendo fotos de todo lo que veíamos, y nos alojamos de nuevo en el hotel.



PD: La segunda parte o el segundo día, lo tendréis mañana. Lo hago más bien para ir siguiendo la cosa y no perderse, y para que no se haga tan tedioso.

12/4/10

Going to London

Como ya muy bien muchos de vosotros sabréis, mañana (hoy) empiezo una aventura rumbo a Londres. Es un viaje organizado por la escuela, una estada lingüística donde intentan que conozcamos nuevas culturas, nuevos quehaceres y una nueva lengua (pese que ya llevemos practicándola hace mucho, aunque yo me sigo sintiendo igual de cateto). El viaje tomará rumbo a partir de las dos del mediodía, a través de EasyJet, una compañía, que por comentarios recibidos de un servidor, no suele ser muy buena. Desorganización, un caos completo. Tampoco pretendo alarmar a la gente que me acompañe a dicho viaje, pero no estaría nada mal algo de acción.

Y como el año pasado con el viaje de Futuroscope, este año toca uno con más responsabilidad y cuidado con el alrededor, un viaje distinto, con más ilusión y ganas de ver nuevas cosas que hay más allá de el retrete de mi casa. Lo digo más bien porque estoy descubriendo que los ingleses son jodidamente raros, estrictos y GAYS. Pero GAYS de culo, de culo peludo con pelotillas colgando.

Y como tampoco me quiero alargar mucho (más bien porque no tengo nada que decir y sólo estoy escribiendo esto con una mano ya que con la otra me estoy rascando las pelotas), os digo que volveré el viernes día 16 y os contaré qué tal ha ido el viaje. Pero lo mejor de todo es mi acompañante (carita sonriente).

15/3/10

Ritos satánicos

-Los ritos satánicos siempre suelen acabar en orgía, pero tenéis que sacrificar una virgen...¿Hay preescolar en tu cole?
-Iván y sus costumbres.

10/3/10

Tu credi

Canciones con más años que yo me llaman mucho la atención. Pero más me llaman la atención cuando un amigo me pasa una de ellas. No tiene desperdicio, es mejor que no parpadeéis. Quiero que os aprendéis los pasos siguientes, porque yo lo voy a hacer. Por mis cojones que lo voy a hacer.


Soy guay...

27/2/10

Todo para mí

-Te quiero todo para mí, hasta el último pelo de tus depilados y perfumados huevos.
-Y así es cómo Iván me recibe cada día.

14/2/10

Carnaval en su máximo esplendor

Y nada más que decir

25/12/09

Felicidad

Se supone que hoy es navidad, y cuando es navidad todo se cubre de regalos y sonrisas en la cara. ¿Pero por qué? ¿No podría ser así cada día? ¿Sonreír siempre y estar bien? Aunque generalizo mucho porque hay gente que está de mal humor todo el año. Pero vaya, yo me lo intento tomar a lo coña, a lo es una tradición, pues la hago qué remedio.

Y como Membrillo Producciones no podría ser menos, aquí tenemos una felicitaciones hechas por uno de nuestros integrantes, Jonathan López. Disfrutad y enviarlas a alguien querido, que le hará ilusión seguro.

24/12/09

Incomprensible

Hay vídeos que son raros de cojones. Yo me los encuentro, y me los miro una y otra vez sin encontrar la respuesta. Y es que no sé cómo suceden estas cosas. Hay algunos que igual sí son previsibles, pero otros te sorprenden. Así es cómo un adolescente pasa una tarde intentando descifrar cómo y por qué ha sucedido tal cosa.

El otro día, Iván me pasó un par de ellos. Con uno grité de dolor y con el otro lloré de risa. Y es que cosas cómo éstas son las que me alegran una tarde. Sí, si tienen más de 500 reproducciones, todas esas son mías.


Desapareciendo a un mundo paralelo




Y se cascaron sus huevos

23/12/09

Perfección

-Así que mejor sigue siendo imperfecto, por el bien de tu ano.

29/11/09

Que la chupen

Yo: Me llamaba catalufa independentista.

Iván: Ya, los nacionalistas les jodemos.


Yo: Exacto.


I: Como dijo el filósofo Diego Armando: Que la chupen, que la sigan chupando.

12/11/09

Almohadas

Iván: Cuando cierro los ojos y abrazo la almohada, eres tú.

Yo: Oh, vamos, sigue siendo una maldita almohada.

I: Cuando cierro los ojos, no, eres tú. Y ahora si me disculpas, voy a cerrar los ojos y a follarme la almohada.

8/11/09

Autobús

-Tío, si hubiera un bus que me lleva de aquí al baño, lo cogería.

23/10/09

No debería salir de casa

No sé por qué salgo si hay lluvia. Pero es que no era una lluvia normal, no, esa lluvia podía terminar con Barcelona entera. Y no exagero, lo juro. Ayer fue un día muy extraño, de esos que sucede de todo en poco tiempo y te das cuenta que ya los tienes de corbata. Ese ha sido mi caso y no es muy agradable. Al igual que no es muy agradable terminar mojado de arriba abajo, como si te hubieras pegado una ducha.

La tormenta empezaba a abundar. Poco a poco hacía más aire y eso provocaba un efecto óptico de más lluvia. Yo estaba en mi casa, y no había tomado atención. No me apetecía mirar por la ventana, no me apetecía ver el día que hacía, y eso que en unos minutos me tocaba educación física. Aunque estaba mentalizado que algo de mal tiempo hacía, no pensaba que tal cosa sería así. Y es que tenía delante de mis narices, un diluvio de tres pares de cojones. Y lo peor de todo, es que no exagero y no soy el único que vive en Barcelona.

Como tonto, me vestí y bajé. Y como más tonto aún, tenía el equipo de educación física en la cartera. Yo pensaba que íbamos a hacer en el gimnasio (que al final no se pudo porqué estaba inundado), pero cuando salí, la cosa no pintaba tan bien. Las calles estaban inundadas, no se veía nada, ni se podía caminar. Pero allí estaba mi padre y su coche. Con dos cojones subí, y me fui al colegio. Al llegar y al entrar, yo pensaba que mis compañeros estarían en el vestuario (añado que ya llegaba tarde), así que crucé todo el patio con agua por los tobillos y al llegar al vestuario, no había nadie. ¡Tócatelos!

Pensé por un momento. Decidí subir arriba, en nuestra clase. Y allí estaban todos. Buena deducción. Con una mala leche intenté secarme como pude y después de un buen rato, la profesora nos dio las gracias por haber ido (éramos pocos), y tuvo la genial idea de llevarnos al aula de ordenadores y no hacer nada. Así fue, no hicimos nada y nos tocamos nuestras ilustres pelotas.

(Vía Jonathan)

22/10/09

Ilustres pelotas

-Tu padre es muy raro, pero lo adoro porqué tú has salido de sus ilustres pelotas.

-Un aplauso

9/10/09

La Revista: El Zulo

Me tocaba escribir mi primer artículo y vaya si lo hice. A toda prisa ya que se me había borrado todo. ¿Cómo? No lo sé, no preguntéis, sólo sé que cada día que pasa odio más a mi ordenador y cada día que pasa queda menos para un maldito y deseado portátil, eso lo sé seguro.

Ya tenía, al fin, el artículo guardado en mi penedrive. Me disponía a ir al colegio, con la comida aún en la garganta y estresado. Pero vaya, intento no quejarme mucho. El caso es que al llegar al colegio, yendo hacia la sala de profesores, encontrándome con la directora y con Juan Carlos, nos dirigimos hacia ese zulo. Que zulo tiene mucho, porqué ahí se podía hacer de todo, y más cuando tienes tres niñas de primero de la ESO y una profesora. Pero no quiero hablar más de ello, que me voy por las ramas.

Tomamos asiento y estamos al mando del ordenador. Ya sabéis, el típico despacho (zulo, repito, en éste caso), con un ordenador que va mal. Qué va bastante mal y no tiene ni Firefox. En ese ordenador hay una carpeta para la revista y distintas cosas que no desvelaré, junta a otra con los artículos que vayamos escribiendo. Y lo mejor de todo, es que tenemos mando absoluto sobre ella, así que podemos hacer lo que nos salga de las pelotas.

Después de estar aguantando más de dos horas a tres niñas de primero de la ESO, que ya estaban empezando a mosquearme, al contrario de Juan Carlos, que ya empezaba a tener deseos sexuales sobre ellas, decidimos irnos. Por mi insistencia y porque veía un Mac al suelo, roto, otra vez.

Saco muchas conclusiones de ésto. Vaya, que la revista se la pasan un poco por el forro y escogen al primero que ven o que se apunta. Pero insisto, este año va a molar. Por nuestros cojones que va a molar.

8/10/09

El Casal

Como en mi época cani no tenía nada mejor que hacer que matar a gente y pincharme dos o tres veces al día, iba cada viernes a un bonito sitio llamado "Casal". El casal viene a ser un sitio donde se puede convivir. Campo de fútbol sala (obvio que fuera), una mini-tienda para comprar lo que nos salga de ahí (chuches, qué cojones), futbolín, billar, ping pong...Y una iglesia debajo.

Yo sólo iba para jugar a fútbol, y como ya he dicho, eran épocas canis y esas cosas supongo que eran comprensibles. Depende de qué punto de vista lo mires. El casal me trae muchos recuerdos. Han pasado muchas cosas en ese sitio, de todo se puede decir. Tantas que me acuerdo de cada una de ellas, como si fuera ayer, vaya.

Esquivando lo que viene a ser cosas personales, podría contar las veces que se han destrozado cosas. Desde la fuente hasta las paredes. Tanto se han roto, que una vez nos vimos obligados a transportar sacos llenos de cemento para arreglar los desperdicios. Todo un show, que, quieras o no, siempre terminaba con una sonrisa en la cara.

Pero cambiando de tema repentinamente, porque me sale de los huevos, vaya, sólo tengo cosas positivas de ese sitio. Nunca me ha pasado nada "malo", ni nada excesivo. Y recalco que era cani. Extraño.
 
 
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