Hoy tenia partido con mi equipo de fútbol. Me levantado a las nueve, y a las nueve y media me dirigido en el punto de encuentro. Hacía un día asqueroso, de hecho sigue haciéndolo. Llovía, llovía mucho. Pensábamos que volveríamos a casa pero no, el entrenador dijo que iríamos a jugar el partido, y fuimos hacia el metro. Cuando estamos en el metro, mi entrenador va pasando las tarjetas para que pasemos. Ahí empieza todo lo chungo. Un rumano, o moro, o algo similar se intenta colar cogiendo a mi entrenador, cuyo le empuja y le dice que se pague él la tarjeta. Seguimos hacia delante. Nos sentamos para esperar el tren. Y en ese momento, pongo a prueba lo gafe que llevo a ser. No debería haber dicho nada. "Sólo faltaría que ahora fuese esto un metro-bomba", fueron mis palabras.
Subimos al metro. Vamos pasando las estaciones hasta que nos paramos en una y un hombre nos chilla diciendo que salgamos del vagón enseguida. Salimos corriendo hasta el exterior. Se ve que había una mochila sin ningún dueño en el vagón. Me cago en su puta madre. Pues bien, seguimos caminando entre la lluvia y el frío. Caminar, caminar, caminar, el sitio donde nos disponíamos a ir, estaba MUY lejos, DEMASIADO lejos. Así que, decidimos ir corriendo otra vez, y así fue. Sofocado es como me hallaba. Pero LLEGAMOS. Oh, por Banana Cock, por fin. Ahora viene lo bueno.
Nos echan. Sí, nos echan. Se remplaza el partido para otro día, eso estaba claro, pero es que no querían saber nada de nosotros. Mi entrenador estuvo hablando con el árbitro del partido y ale, a freír espárragos. Pues bien, media vuelta y a bajar tooooooooooda esa calle, o lo que sea. Y es que estábamos en el final del mundo. Llegamos al metro y ya no paso nada más interesante. Sólo que cuando salí de él, llovía de miedo y hacia un frío para quedarte como un cubito de hielo. Suele pasar, ¿y sabéis porqué? Porque cubito de hielo. Ah, sí. Una última cosa. Al final el fútbol, va a ser malo para la salud.
Subimos al metro. Vamos pasando las estaciones hasta que nos paramos en una y un hombre nos chilla diciendo que salgamos del vagón enseguida. Salimos corriendo hasta el exterior. Se ve que había una mochila sin ningún dueño en el vagón. Me cago en su puta madre. Pues bien, seguimos caminando entre la lluvia y el frío. Caminar, caminar, caminar, el sitio donde nos disponíamos a ir, estaba MUY lejos, DEMASIADO lejos. Así que, decidimos ir corriendo otra vez, y así fue. Sofocado es como me hallaba. Pero LLEGAMOS. Oh, por Banana Cock, por fin. Ahora viene lo bueno.
Nos echan. Sí, nos echan. Se remplaza el partido para otro día, eso estaba claro, pero es que no querían saber nada de nosotros. Mi entrenador estuvo hablando con el árbitro del partido y ale, a freír espárragos. Pues bien, media vuelta y a bajar tooooooooooda esa calle, o lo que sea. Y es que estábamos en el final del mundo. Llegamos al metro y ya no paso nada más interesante. Sólo que cuando salí de él, llovía de miedo y hacia un frío para quedarte como un cubito de hielo. Suele pasar, ¿y sabéis porqué? Porque cubito de hielo. Ah, sí. Una última cosa. Al final el fútbol, va a ser malo para la salud.

1 Comentarios:
aix... el que no et passi a tu... segur que la motxilla era....UNA BOMBAAAA!!!!!
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