Volvió el Barça a la tierra tras el subidón del clásico. Y lo hizo al ralentí. Como queriéndose tomar un respiro tras una semana de interminable excitación. El escenario invitaba a ello y el rival, el Xerez, colista de la Liga, también. Además, Guardiola colaboró en el relax, por muchas advertencias que hiciera, alineando un once con miembros de la clase media azulgrana. Como Chigrinskiy, Maxwell, Pedro y Bojan, que no jugaba en el campeonato liguero desde la primera jornada.
Con Ibahimovic y el Balón de Oro en el banquillo le costó coger ritmo al Barça. De hecho, puede decirse que no lo logró en toda la primera mitad. El césped no era la alfombra del Camp Nou, cierto, y encima se puso a llover justo cuando el colegiado marcó el inicio. Pero el Barça salió con tal marcha corta que apenas se movía de su campo. Y para muestra, el primer minuto de juego: en ese corto espacio de tiempo, Valdés ya había tocado tres veces la pelota tras sendos pases de Chigrinskiy y Márquez, especialmente espeso en el pase largo e incluso en el corto. Suerte tuvo el Barça de hallarse ante el colista, un equipo tan inocente como casi sentenciado cuando apenas se ha disputado un tercio de la Liga.
El balón no corría, apenas trotaba. Xavi tenía que retrasar su posición hasta la altura de los centrales para iniciar el ataque, pero de tan lejos no lograba vislumbrar nada. Pedro se mantenía estático por la derecha y Henry hacía lo propio por la izquierda. Solo Bojan logró asustar a la animada afición local con dos fugaces penetraciones que no tuvieron culminación. También Henry dejó ir un potente latigazo (minuto 25) que se fue alto. Pero no hubo más. Toques y más toques, pases y más pases, control y algún balón suelto por despiste de Touré que tampoco llegó a inquietar a Valdés. Así las cosas, el duelo entre el modesto equipo andaluz, que por primera vez juega en Primera, y el poseedor del triplete mágico llegó en tablas al descanso, algo que fue celebrado como una proeza por los hinchas jerezanos.
Pero todo dio un vuelvo en el primer minuto de la reanudación. Puede que Guardiola diera un toque tras tan larga siesta, pero lo cierto es que los azulgranas salieron enchufados. Del ralentí se pasó a un par de marchas más y del trope al galope. Keita abrió a la izquierda a Maxwell y este sirvió un medido centro a Henry, que cabeceó con convicción al fondo de la red, logrando su segundo tanto en la Liga. Lo difícil ya estaba hecho, si es que complicado puede considerarse que el Barça marcara un tanto al Xerez, que poco a poco fue perdiendo fuelle rifándolo todo a balones largos en busca de sus dos puntas.
El Barça se acomodó tras el tanto y jugó con mayor tranquilidad. Más si cabe cuando Guardiola hizo entrar a Messi por Pedro (m. 54) y a Ibrahimovic por Bojan (m.66). El primero fue recibido con una cerrada ovación y con pitos el sueco. El Barça encaraba el tramo final del duelo con la delantera de lujo, una muestra más del respeto de Guardiola por cualquier rival. Pero fue con toda la artillería sobre el campo cuando el Xerez tuvo la osadía de poner un tímido asedio al áera de Valdés. Sin nada que perder y con mucho por ganar, los andaluces merodearon la portería e incluso dieron el susto en un córner. El Barça no lograba finiquitar el partido y la sorpresa sobrevolaba el ambiente.
El Barça, ante tal panorama y para evitar males mayores, puso otra marcha. Messi cogió el balón y empezó a llevar de cabeza a la defensa. Logró que hasta seis rivales le siguieran como posesos con la única misión de robarle el balón. Pero nada. Ya se sabe que el menor amigo de Leo es la pelota y más ahora que la tiene de oro. También Ibra ayudó con un poderoso remate de cabeza que se fue alto y una asistencia a la que Márquez no llegó por centímetros. No había forma de liquidar el duelo. Por eso Guardiola sacó a Iniesta por un fundido Henry. El recuerdo de los últimos tres desplazamientos, que acabaron en empate, estaba muy presente. Costó matar el duelo: Messi envió un tiro al palo, Iniesta falló solo e Ibra sentenció de vaselina.
Con Ibahimovic y el Balón de Oro en el banquillo le costó coger ritmo al Barça. De hecho, puede decirse que no lo logró en toda la primera mitad. El césped no era la alfombra del Camp Nou, cierto, y encima se puso a llover justo cuando el colegiado marcó el inicio. Pero el Barça salió con tal marcha corta que apenas se movía de su campo. Y para muestra, el primer minuto de juego: en ese corto espacio de tiempo, Valdés ya había tocado tres veces la pelota tras sendos pases de Chigrinskiy y Márquez, especialmente espeso en el pase largo e incluso en el corto. Suerte tuvo el Barça de hallarse ante el colista, un equipo tan inocente como casi sentenciado cuando apenas se ha disputado un tercio de la Liga.
El balón no corría, apenas trotaba. Xavi tenía que retrasar su posición hasta la altura de los centrales para iniciar el ataque, pero de tan lejos no lograba vislumbrar nada. Pedro se mantenía estático por la derecha y Henry hacía lo propio por la izquierda. Solo Bojan logró asustar a la animada afición local con dos fugaces penetraciones que no tuvieron culminación. También Henry dejó ir un potente latigazo (minuto 25) que se fue alto. Pero no hubo más. Toques y más toques, pases y más pases, control y algún balón suelto por despiste de Touré que tampoco llegó a inquietar a Valdés. Así las cosas, el duelo entre el modesto equipo andaluz, que por primera vez juega en Primera, y el poseedor del triplete mágico llegó en tablas al descanso, algo que fue celebrado como una proeza por los hinchas jerezanos.
Pero todo dio un vuelvo en el primer minuto de la reanudación. Puede que Guardiola diera un toque tras tan larga siesta, pero lo cierto es que los azulgranas salieron enchufados. Del ralentí se pasó a un par de marchas más y del trope al galope. Keita abrió a la izquierda a Maxwell y este sirvió un medido centro a Henry, que cabeceó con convicción al fondo de la red, logrando su segundo tanto en la Liga. Lo difícil ya estaba hecho, si es que complicado puede considerarse que el Barça marcara un tanto al Xerez, que poco a poco fue perdiendo fuelle rifándolo todo a balones largos en busca de sus dos puntas.
El Barça se acomodó tras el tanto y jugó con mayor tranquilidad. Más si cabe cuando Guardiola hizo entrar a Messi por Pedro (m. 54) y a Ibrahimovic por Bojan (m.66). El primero fue recibido con una cerrada ovación y con pitos el sueco. El Barça encaraba el tramo final del duelo con la delantera de lujo, una muestra más del respeto de Guardiola por cualquier rival. Pero fue con toda la artillería sobre el campo cuando el Xerez tuvo la osadía de poner un tímido asedio al áera de Valdés. Sin nada que perder y con mucho por ganar, los andaluces merodearon la portería e incluso dieron el susto en un córner. El Barça no lograba finiquitar el partido y la sorpresa sobrevolaba el ambiente.
El Barça, ante tal panorama y para evitar males mayores, puso otra marcha. Messi cogió el balón y empezó a llevar de cabeza a la defensa. Logró que hasta seis rivales le siguieran como posesos con la única misión de robarle el balón. Pero nada. Ya se sabe que el menor amigo de Leo es la pelota y más ahora que la tiene de oro. También Ibra ayudó con un poderoso remate de cabeza que se fue alto y una asistencia a la que Márquez no llegó por centímetros. No había forma de liquidar el duelo. Por eso Guardiola sacó a Iniesta por un fundido Henry. El recuerdo de los últimos tres desplazamientos, que acabaron en empate, estaba muy presente. Costó matar el duelo: Messi envió un tiro al palo, Iniesta falló solo e Ibra sentenció de vaselina.

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