Una de las muchas cosas que odio, y que siempre odiaré, es ir para nada. Ir, y no encontrarte a nadie, o ir con unas ganas increíbles, para que luego no puedas hacer lo que tenías pensado. Ir sólo para que te jodan.
Hoy a las seis en punto, me disponía a salir de mi casa. Ya vestido, y con la bolsa cuya conllevaba la equipación, botas de fútbol, etc, iba a salir de mi casa. Antes de abrir la puerta, me aseguré si tenía las llaves y móvil, y al ver que si estaban, abrí la puerta y luego la cerré (el movimiento más normal del mundo).
Por la calle, escuchando música (el Kalimotxo de mamá como canción estrella), y contemplando la ciudad (pocas veces lo hago y pienso que debería hacerlo más a menudo, quién sabe si puedo seguir vivo de aquí dos segundos). Después de quince minutos más o menos caminando, he llegado al punto donde habíamos quedado días anteriores.
Allí estaba mi amigo. Un buen rato hablando con él, hasta que ha aparecido mi entrenador y los demás. Jodida, muy jodida situación. Nos faltaba una persona. Una puta persona para poder ir hacía el partido. Lo peor de todo, es que esa persona ha llegado con una hora de retraso. El partido ya se había suspendido. Ya podéis pensar lo que ha sucedido, ¿no? Muerte. Lo hemos acribillado a hostias.
Había ido para nada. Pero lo mejor ha estado por llegar. No quería irme a casa, no tenía ganas, ni tampoco tenía ganas de estar pululando por la calle. Así que he llamado a ese sidoso llamado Juan Carlos, sí, el del glande perforado, y no me lo ha cogido. Estaba en el cine. Yo, ya abatido, me dirigía hacía mi casa. Pero me ha pasado algo por la cabeza, he llamado a alguien, y luego, ha pasado lo mejor que me podía pasar: (contenido no apto para menores de 18 años, ni para menores de 35, ni para personas que se pasan el día pelándosela mirando este blog, debajo de un cocotero, en la playa, pelándosela concretamente hasta la tarde, cuando cae el sol).
Y ahora, a seguir viendo Jurassic Park.
Hoy a las seis en punto, me disponía a salir de mi casa. Ya vestido, y con la bolsa cuya conllevaba la equipación, botas de fútbol, etc, iba a salir de mi casa. Antes de abrir la puerta, me aseguré si tenía las llaves y móvil, y al ver que si estaban, abrí la puerta y luego la cerré (el movimiento más normal del mundo).
Por la calle, escuchando música (el Kalimotxo de mamá como canción estrella), y contemplando la ciudad (pocas veces lo hago y pienso que debería hacerlo más a menudo, quién sabe si puedo seguir vivo de aquí dos segundos). Después de quince minutos más o menos caminando, he llegado al punto donde habíamos quedado días anteriores.
Allí estaba mi amigo. Un buen rato hablando con él, hasta que ha aparecido mi entrenador y los demás. Jodida, muy jodida situación. Nos faltaba una persona. Una puta persona para poder ir hacía el partido. Lo peor de todo, es que esa persona ha llegado con una hora de retraso. El partido ya se había suspendido. Ya podéis pensar lo que ha sucedido, ¿no? Muerte. Lo hemos acribillado a hostias.
Había ido para nada. Pero lo mejor ha estado por llegar. No quería irme a casa, no tenía ganas, ni tampoco tenía ganas de estar pululando por la calle. Así que he llamado a ese sidoso llamado Juan Carlos, sí, el del glande perforado, y no me lo ha cogido. Estaba en el cine. Yo, ya abatido, me dirigía hacía mi casa. Pero me ha pasado algo por la cabeza, he llamado a alguien, y luego, ha pasado lo mejor que me podía pasar: (contenido no apto para menores de 18 años, ni para menores de 35, ni para personas que se pasan el día pelándosela mirando este blog, debajo de un cocotero, en la playa, pelándosela concretamente hasta la tarde, cuando cae el sol).
Y ahora, a seguir viendo Jurassic Park.

3 Comentarios:
... Lo ultimo me lo imagino. Con quien tambien lo se. FELICIDADEEES! Mañana tirones de orejas a montones. No era eso lo que siempre habias deseado? juas.
Ese guiño a Pepe Rubianes, SEHHH!! Follaor!
Que bien se está en casa.
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