¿Alguna vez pensaste que esto fuera
realidad?

22/10/09

Historias para no dormir

Estaba cansado, como casi siempre. No tenía nada mejor que hacer, así que decidí sentarme en mi preciosa butaca de color rojo vivo y perder el tiempo. Esos momentos me tranquilizaban mucho, me olvidaba de todos mis problemas. De hecho, me olvidaba de todo. Una suave brisa rozaba mi cara. Tenía la ventana abierta y ya empezaba a hacer bastante fresquillo, así que la cerré. Volví con paso ligero a mi butaca. ¡Oh! Era el paraíso, un súmmum de felicidad.

Pasaron unos veinte minutos desde que mi cuerpo reposaba. Un silencio eterno reinaba en la sala y yo empezaba a extrañarme. Tanto silencio no era normal, y menos en mi casa donde mis padres siempre hacían barullo, hasta de noche. Me levanto y voy a la cocina. Me preparo un vaso de leche bien caliente con algo de cacao. Vuelvo al salón donde se ubica dicha butaca, me siento, me quedo dormido. Tengo unos sueños preciosos. Sueño que encuentro el amor de mi vida, alguien que despierta todos mis sentidos. Parece un descampado, pero un descampado muy bonito, lleno de flores, lo típico en escenas de romanticismo, lo típico en gente tiquismiquis. Y yo me distinguía de ello.

Todo empieza a nublarse. Ese ser tan precioso desaparece. Se va corriendo mientras hace un gesto de despedida con la mano. Empiezo a preocuparme. Todo era demasiado bonito. Ahora todo es demasiado horrendo, inhóspito. Alguien me está soplando en la nuca. Me llega un aire muy gélido. Me asusto, me doy media vuelta y veo otra mujer, ésta vez, no tan preciosa como la otra.

Me despierto dando un salto. Creía que todo era un sueño, pero estaba completamente equivocado. O al menos eso pensaba, vaya. Esa mujer, con un vestido largo de color blanco, estaba en frente, mirándome fijamente, como si quisiera algo de mí. Yo no sabía nada, así que me limité a quedarme quieto y a resistir el pánico que mi cuerpo sufría. La mujer abrió la boca. Lo hizo para hablar, para dirigirse hacia mí. “Debes acompañarme, Dios ha decidido que ésta es tu hora”. Me quedé con cara de besugo. Para empezar, yo no creía en Dios, porqué yo no creo nada de lo que no veo. Y luego, lo que me sucedía era algo irreal, así que me pellizqué. Pero nada, oye, que estaba metido en otra dimensión, o debía ir inmediatamente al psiquiatra.

La chica no dice nada más. Repite la misma frase. Que vaya con ella. ¡Qué cabezota! ¡No pienso ir con desconocidos! Cambia de frase. Ahora me dice que tengo una hora de vida. Estoy harto de ésta farsa. Me levanto y voy corriendo hacia la ventana. Está cerrada. Cojo otra opción; la puerta. También está cerrada. No puedo salir de casa, esa mujer lo ha planeado todo. Eso es, ¿no? Ya no sabía nada, no sabía ni siquiera dónde se ubicaba mi habitación, estaba desconcertado, sólo quería huir. Pero la mujer se cruzaba una y otra vez en mi paso. Era el doble de rápida que yo, y era el doble de inteligente que yo. O yo era tonto o ella muy lista.

Con la tontería no me di cuenta que ya estaba a punto de terminar esa hora como “ultimátum”. Había corrido más de cuarenta y cinco minutos buscando una salida en mi propia casa que no encontré. Y encima, mis padres no estaban en ella. Me sentía solo, abandonado. Parecía que iba a desaparecer del mundo, que mi no muy larga estancia había terminado. Me horrorizaba la idea, yo no quería irme, yo quería volver a ese descampado lleno de flores, con esa chica tan preciosa a mi lado, contándonos historias preciosas. Quiero ser un tiquismiquis, no quiero morir. La mujer se vuelve a cruzar conmigo. Ahora ya no hay salida, no puedo escapar. Se acerca y pronuncia unas palabras, medio susurrando: “Vamos, enamorado, la hora ya está cumplida”.

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

que mal rollo de sueño, me ha dado miedo y todo
(me he acordado de Samara, la niña de "the ring", y es una de las cosas que más grima me da)

Sacsco dijo...

Es como Alicia en el País de las Maravillas. Muy buen libro, muy interesante relato. Si, lo siento, sólo interesante. Vale! es bueno.

 
 
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