Ya llevo años queriéndolo contar, pero nunca me digné a hacerlo. Creo que ya es hora que lo haga, y más aún con lo que sucedió ayer.
Sábado, día 31 de mayo, hicimos una salida de estas familiares que solemos hacer. Y sí, no me gustan en absoluto, ¿nunca estaremos un fin de semana entero en casa? El caso es que nos fuimos a Castellar de N'hug, un pueblo muy bonito y tranquilo con unas fuentes bastante impresionantes.
Al llegar allí, subimos por un camino donde se podían ver las fuentes. Hacía bastante frío, y eso que normalmente hace calor, pero seguro que era por joder. Iba con manga corta. A joderse. Al llegar arriba del todo, miramos un poco lo que venía siendo el pueblo, y tampoco nos encontramos nada del otro mundo.
Entramos a un restaurante donde habíamos reservado mesa desde el viernes, y nos dijeron que nos debíamos esperar más de media hora hasta que la gente vaciara las mesas. Al lado nuestro, estaban unos señores que no dejaban de quejarse, diciendo que llevaban más de diez minutos esperando (yo más de media hora, recuerdo). Al llamarnos a nosotros por el apellido de mi madre, los incívicos (a partir de ahora les llamaré así), respondieron con un "sí, nosotros" y se fueron a la mesa. Nosotros nos sentimos indignados y fuimos hacia la camarera y ellos. "Somos nosotros, así que os esperáis vuestro turno. Que ya sois mayores como para actuar de una forma" fueron las palabras de mi madre.
Ganamos nosotros la partida, y ellos se tuvieron que esperar unos minutos más para sentarse. Luego de un rato, mi madre con la ira en las venas, probó suerte de su gafería. Y la verdad es que yo vengo a hablar de esto, de la gafancia de mi madre. De ese poder que tiene que puede provocar una guerra nuclear cuando le apetezca.
Después de que los incívicos acabasen de comer, mi madre dijo: "Ahora les cogerá un dolor de barriga, la comida les sentará muy mal, y cada dos por tres tendrán que ir al lavabo a cagar". Y si estáis pensando lo que estáis pensando y lo que creo yo, acertáis. Minutos después, uno a uno fueron yendo al lavabo y cada uno tardaba más de veinte minutos. Pero no fueron sólo una vez, sino que numerosas veces, y cuando salían del baño, se les veía sudor en la frente y una cara muy pálida. Así que saqué a la conclusión una cosa: mejor no me acerco a mi madre.
Ya volvimos a casa y todo quedó como una anécdota, como una casualidad. Pero yo ya me he cansado de las casualidades de mi madre. Es bruja, no sé, es algo.
Sábado, día 31 de mayo, hicimos una salida de estas familiares que solemos hacer. Y sí, no me gustan en absoluto, ¿nunca estaremos un fin de semana entero en casa? El caso es que nos fuimos a Castellar de N'hug, un pueblo muy bonito y tranquilo con unas fuentes bastante impresionantes.
Al llegar allí, subimos por un camino donde se podían ver las fuentes. Hacía bastante frío, y eso que normalmente hace calor, pero seguro que era por joder. Iba con manga corta. A joderse. Al llegar arriba del todo, miramos un poco lo que venía siendo el pueblo, y tampoco nos encontramos nada del otro mundo.
Entramos a un restaurante donde habíamos reservado mesa desde el viernes, y nos dijeron que nos debíamos esperar más de media hora hasta que la gente vaciara las mesas. Al lado nuestro, estaban unos señores que no dejaban de quejarse, diciendo que llevaban más de diez minutos esperando (yo más de media hora, recuerdo). Al llamarnos a nosotros por el apellido de mi madre, los incívicos (a partir de ahora les llamaré así), respondieron con un "sí, nosotros" y se fueron a la mesa. Nosotros nos sentimos indignados y fuimos hacia la camarera y ellos. "Somos nosotros, así que os esperáis vuestro turno. Que ya sois mayores como para actuar de una forma" fueron las palabras de mi madre.
Ganamos nosotros la partida, y ellos se tuvieron que esperar unos minutos más para sentarse. Luego de un rato, mi madre con la ira en las venas, probó suerte de su gafería. Y la verdad es que yo vengo a hablar de esto, de la gafancia de mi madre. De ese poder que tiene que puede provocar una guerra nuclear cuando le apetezca.
Después de que los incívicos acabasen de comer, mi madre dijo: "Ahora les cogerá un dolor de barriga, la comida les sentará muy mal, y cada dos por tres tendrán que ir al lavabo a cagar". Y si estáis pensando lo que estáis pensando y lo que creo yo, acertáis. Minutos después, uno a uno fueron yendo al lavabo y cada uno tardaba más de veinte minutos. Pero no fueron sólo una vez, sino que numerosas veces, y cuando salían del baño, se les veía sudor en la frente y una cara muy pálida. Así que saqué a la conclusión una cosa: mejor no me acerco a mi madre.
Ya volvimos a casa y todo quedó como una anécdota, como una casualidad. Pero yo ya me he cansado de las casualidades de mi madre. Es bruja, no sé, es algo.

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