Y que a lo mejor no es que me sienta, si no que lo sea. Pero no voy a centrarme en eso que aún voy a quedar mal.
En estos momentos debo estar en Capmany, un pueblecillo cerca de la frontera, de Perpignan. A saber lo que estaré haciendo, ya que cuando escribí este post, era una noche de esas que te la pasas mirando una hoja en blanco y empiezas a imaginarte pollas saltarinas.
La cosa es que no tengo ganas de hacer nada. No tengo ganas ni de encender el ordenador, ya no tengo ganas ni de escribir, ni de viciarme, ni de ir a buscarme el colacao a las doce y cuarto del mediodía, ni de hacer zaping, ni de hablar, ni de contar las hojas que tiene el árbol que está al lado de mi casa. ¿Primavera? ¿La sang altera? Yo que sé hijo, pero a mi no me altera nada.
En estos momentos debo estar en Capmany, un pueblecillo cerca de la frontera, de Perpignan. A saber lo que estaré haciendo, ya que cuando escribí este post, era una noche de esas que te la pasas mirando una hoja en blanco y empiezas a imaginarte pollas saltarinas.
La cosa es que no tengo ganas de hacer nada. No tengo ganas ni de encender el ordenador, ya no tengo ganas ni de escribir, ni de viciarme, ni de ir a buscarme el colacao a las doce y cuarto del mediodía, ni de hacer zaping, ni de hablar, ni de contar las hojas que tiene el árbol que está al lado de mi casa. ¿Primavera? ¿La sang altera? Yo que sé hijo, pero a mi no me altera nada.

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