¿Alguna vez pensaste que esto fuera
realidad?

9/3/09

El curioso caso de Juan Carlos Ferrer

Este chico, el mayor mamonazo desde que existe el mundo, el violador de monjas, el del rabo cuyo glande parece un escorpión enfadado, hoy me ha demostrado, que no se puede llegar a ser más gafe.

Todos sabéis desde un buen principio, que el cabrón lleva gafas desde hace mucho, y que son un imán para todas las cosas esféricas (o no esféricas, como mi rabo). Le han roto las gafas unas tres veces, y pobre chico, no da para más, que estamos en crisis (aunque lo pague el colegio, me la suda, hay crisis).

Hoy estábamos en clase de Educación Física, con mi profesor por ahí dando por culo como de costumbre. A las ocho de la mañana hacer educación física, es puro suicidio, pero nosotros lo aguantamos, como campeones. Primero hemos entrado en el gimnasio (que ya ves tu, no hemos durado ni un minuto), y luego al patio. Allí, nuestro querido profesor, se ha inventado un juego, típico de un desequilibrado mental. Eran tres equipos, uno azul, uno amarillo, y uno rojo. El pederasta de mi amigo, le ha tocado ir con el equipo azul, y yo con el amarillo. Como siempre, hemos estado hablando y hemos pasado del juego. Error.

Dos minutos después, yo miro hacía arriba y veo una pelota volando hacía mí. La verdad es que algo me decía que iría a parar en la cabeza de Juan Carlos, y así ha sido (yo no lo he avisado por joder, pero vamos, que si hace falta le salvo la vida). Pelota en toda su cara. Las gafas han saltado, y han caído al suelo, los dos cristales se han desprendido, y adiós gafas. Por suerte, ha encontrado uno de ellos, pero para poco le ha servido. Después de una hora buscando un cristal que tenía yo guardado en mi ano que era imposible de encontrar, él, se ha ido a secretaria y no lo he vuelto a ver hasta la una del mediodía.

La primera impresión ha sido impactante. Llevaba unas gafas de sol, y yo ya me estaba imaginando lo peor, pero por suerte no eran suyas. Ahora sí, lo peor llegó. Lleva lentillas. Y no puedo dejar de imaginármelo poniéndoselas, desnudo, frente al espejo, untándose el nabo con mayonesa y sonriendo.

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

Cómo me conoces, bribón.

ñ dijo...

Esa última imagen en el espejo me ha provocado una erección. Lo juro.

 
 
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