No hay peor cosa que encontrarte a un amigo tuyo cantando una canción cuya la está escuchando por su flamante iPod. Te acercas hacia él y le preguntas con cara de asombro ¿Qué demonios estás escuchando? Él sin pensárselo dos veces, te introduce uno de los dos cascos en la oreja. Acto seguido, escuchas la canción y...
...no te la puedes sacar de la cabeza

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